Una de ellas sugiere que Podoroska desaprovechó una valiosa oportunidad de alzarse con su primer trofeo y convertirse en la séptima tenista argentina en ganar un torneo de la gira más reconocida. Este selecto grupo incluye a Gabriela Sabatini (27 títulos), Paola Suárez y Dulko (cuatro cada una), Mercedes Paz (tres) y Federica Haumuller y Mariana Díaz Oliva (una cada una). Cabe recordar que su rival en la final, Quevedo, había sido derrotada por Podoroska en una autoritaria actuación frente a Paula Badosa, quien había ocupado el segundo puesto en el ranking mundial y comenzaba a recuperar su mejor versión, aquella que la llevó a ser semifinalista en Australia el año previo.
Un aspecto adicional para reflexionar sobre el desempeño de Podoroska es que, hace solo 13 meses, su situación deportiva era incierta. “Quería contarles que, después de Australia, tuve una lesión en la cadera que me llevó unos cuatro meses de recuperación. Y cuando estaba casi lista para volver, apareció otra lesión en el hombro que ha sido difícil de sobrellevar. No estoy teniendo mucho avance y, la verdad, sé que estuve un poco ausente en las redes, pero ha sido un proceso largo y complicado”, compartió su experiencia a través de las redes sociales. Pasaron 14 meses, desde enero de 2025 hasta marzo de 2026, para que la rosarina volviera a competir oficialmente, y mucho más tiempo para alcanzar su primera final tras haber perdido cuatro semifinales, incluida la de Roland Garros 2020, que marcó un antes y un después en su carrera.
Podoroska ha enfrentado obstáculos significativos, incluidos un largo parón de diez meses entre Flushing Meadows 2021 y Wimbledon 2022, también debido a diversas lesiones y molestias. Su esfuerzo fue visible durante la ceremonia de premiación del lunes, cuando, emocionada, se volvió hacia su equipo de trabajo, su familia y sus seres queridos, recordando el apoyo incondicional recibido.
El proceso de recuperación fue minucioso, realizado junto a sus entrenadores Juan Pablo Guzmán y Emiliano Redondi, quienes han estado con ella a lo largo de su carrera y cuentan con un centro de entrenamiento en Alicante. El entrenamiento empezó de manera gradual, trabajando desde pelotas desinfladas hasta recuperar su forma física y técnica. Podoroska se enfocó especialmente en la ejecución de su juego durante los momentos decisivos de cada partido, ya que su tiempo fuera de la competencia afectó su sensibilidad.
También implementó ajustes técnicos en su servicio, considerando su lesión en el hombro, lo cual requirió tiempo y dedicación para adaptarse a un nuevo movimiento con confianza. Durante el torneo en San Pablo, se la pudo ver más habituada a afrontar situaciones críticas, llevando su juego al ciento por ciento y mostrando una actitud positiva incluso en la adversidad.
Con el regreso de Podoroska, el tenis femenino argentino, que ha estado eclipsado por el éxito masculino, recupera una figura destacada. Ahora, para lograr ese título ansiado, solo se necesita tiempo y paciencia.






