Los bonos argentinos, por su parte, experimentaron una nueva caída y las acciones locales cerraron una vez más en territorio negativo. Simultáneamente, las reservas del Banco Central sufrieron una disminución de 1553 millones de dólares en el transcurso de la semana.
La imagen de la gira evidenció una contradicción evidente para el Gobierno. Mientras Milei y Caputo sostenían múltiples encuentros con banqueros y gestores de fondos en Estados Unidos, los activos argentinos continuaban su deterioro.
Durante una de sus presentaciones en la ciudad, Milei ofreció su perspectiva, dirigiendo sus críticas hacia Axel Kicillof, quien también se encontraba en Nueva York y había puesto en duda la situación económica del país. “Si aparecen hablando por Nueva York, sube el riesgo país”, aseguró el Presidente.
Más tarde, resumió su análisis con la expresión “riesgo kuka”, lo que permitió trasladar la discusión al ámbito político y situar al gobernador bonaerense, uno de sus principales contrincantes para las elecciones de 2027, en el centro del debate. Sin embargo, el aumento del riesgo país ya había comenzado días antes de la llegada de Kicillof a Estados Unidos.
Las cuestiones planteadas por los inversores al equipo económico fueron mucho más allá de la situación electoral del peronismo. Caputo se reunió el lunes con cerca de 50 administradores de fondos en la sede de JPMorgan, donde surgieron inquietudes que han acompañado al programa económico durante meses.
Entre las preguntas figuran: ¿Cómo se financiará Argentina durante este año y el próximo? ¿Qué sucederá con los vencimientos de deuda? ¿Qué rol desempeñarán los organismos internacionales y cuál es el margen político del Gobierno para implementar las reformas prometidas? También se cuestionó cuándo el país estará nuevamente en posición de acceder a dólares en el mercado voluntario de deuda.
Caputo reiteró que no planea emitir bonos internacionales a las tasas actuales. Explicó que los costos que debería asumir Argentina son excesivos y que el Gobierno cuenta con alternativas de financiamiento, incluidos los organismos multilaterales.
Esta afirmación refleja una de las contradicciones del programa: el Gobierno promueve el superávit fiscal como principal aval de solvencia, argumentando que ha generado un cambio estructural en las cuentas públicas. Sin embargo, casi tres años después de asumir, el Tesoro aún no logra financiarse con normalidad en los mercados internacionales.
Actualmente, el riesgo país se sitúa por encima de los 600 puntos. Aunque aún está lejos de los niveles críticos que ha enfrentado Argentina en el pasado, también se encuentra por encima del coste financiero que permitiría emitir deuda de forma regular y sin incurrir en tasas insostenibles.
Este viernes, el Tesoro tuvo que hacer frente a un vencimiento cercano a los 800 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional. Las reservas brutas se redujeron en aproximadamente 600 millones en un solo día, cerrando en 48.245 millones de dólares. Durante la semana, la disminución total fue de 1553 millones, y el Banco Central prácticamente no logró aumentar sus divisas en los últimos días.
Tras meses en los que el Gobierno había utilizado la acumulación de reservas como una de las principales evidencias del éxito de su programa, el mercado comenzó a cuestionar una vez más la procedencia de los dólares para afrontar los próximos vencimientos.
La inquietud financiera se complementa con otra señal proveniente de la economía real. El Indec reportó un desplome del 2,9 por ciento en la actividad durante julio en comparación con junio, ajustado por factores estacionales, marcando así la caída mensual más pronunciada desde los meses de la pandemia.
En relación al mismo mes del año anterior, la economía también mostró un retroceso del 1,4 por ciento. Este dato reavivó el debate sobre la recuperación que el Gobierno ha estado prometiendo, ya que el segundo trimestre ya evidenció una contracción del producto respecto a los primeros tres meses del año, y julio, al ser el primer mes del tercer trimestre, acentuó esa tendencia.
Los sectores más afectados incluyen la industria, el comercio y la construcción, mientras que las actividades que el Gobierno presenta como pilares del nuevo modelo, como el petróleo, el gas, la minería y ciertos segmentos del agro, se destacan en otro extremo.






