Rojas Estapé enfatizó el impacto del diálogo interno en las decisiones diarias y cómo, en muchas ocasiones, puede predecir resultados negativos incluso antes de que se materialicen. Según sus declaraciones, estos pensamientos no solo perjudican el estado de ánimo, sino que también pueden tener efectos adversos en la salud física y mental.
“Está científicamente demostrado que la actitud previa a muchas circunstancias de la vida influye poderosamente en el resultado”, afirmó la especialista. En este contexto, vinculó el optimismo con la habilidad de observar y cambiar el lenguaje que cada individuo utiliza para referirse a sí mismo, a sus capacidades y a su futuro.
Durante su exposición, Rojas Estapé recordó que la mente y el cuerpo a menudo no diferencian entre una amenaza real y una ficticia. Esto implica que anticipar constantemente situaciones desfavorables puede activar respuestas físicas y emocionales similares a las que surgirían ante un peligro tangible.
“Somos pesimistas por la imaginación, porque nuestra cabeza nos trae constantemente cosas negativas que pueden suceder y que, en el 90% de los casos, nunca van a pasar”, explicó la psiquiatra.
A pesar de que estos escenarios finalmente no se materialicen, la mera posibilidad de que ocurran puede provocar preocupación, miedo o inseguridad. Según Rojas Estapé, esta tendencia impacta tanto en el bienestar psicológico como en el funcionamiento del organismo.
Para la especialista, el optimismo no se trata únicamente de ignorar las dificultades o convencerse de que todo tendrá un final positivo. Su definición está más relacionada con la manera en que cada persona interpreta sus experiencias y formula su diálogo interno.
“Si tuviera que definir el optimismo o la actitud positiva, diría que tiene mucho que ver con cómo me hablo”, afirmó. La psiquiatra analizó este mecanismo como un “rumrum interior” que ha sido objeto de su estudio, dada su relevancia en los procesos terapéuticos.
Este diálogo puede manifestarse a través de frases automáticas que desincentivan cualquier intento antes de que este comience. Frases como “estoy triste”, “no lo voy a conseguir”, “no lo voy a intentar” o “me hicieron una oferta de trabajo, pero seguro que al final eligen a otra persona” fueron algunos ejemplos mencionados.
Rojas Estapé explicó que un aspecto central que se aborda cuando una persona inicia un proceso terapéutico es precisamente el cómo se habla a sí misma. Reconocer ese lenguaje permite detectar pensamientos repetitivos y evaluar si estos se basan en hechos reales o en temores infundados.
“Cuando una persona acude a consulta, uno de los temas más importantes es cómo se habla”, aseguró la especialista. Esa voz interior puede afectar la actitud con la que una persona enfrenta una entrevista laboral, una conversación complicada, un desafío académico o una decisión personal.
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