Sin embargo, Georgieva abordó un tema delicado que no se había querido aceptar: la existencia de una economía con dos velocidades. En esta etapa, es esencial que se logre el “efecto derrame” de Vaca Muerta hacia la construcción, la industria y la logística. Durante su estadía en el país, realizó una visita a Loma Campana, uno de los yacimientos más importantes de la formación neuquina. Georgieva estuvo acompañada por el ministro Caputo y fue recibida por Horacio Marín, presidente de YPF.
La consultora Epyca interpretó este evento no como un aspecto técnico, sino como una estrategia de comunicación política destinada a resaltar la capacidad del país para generar divisas y la sustentabilidad del programa económico de carácter liberal. El mensaje del FMI fue claro: no se percibe necesidad de apoyo adicional y se celebra el rendimiento del sector hidrocarburífero como base de una confianza renovada.
En junio, Vaca Muerta alcanzó un registro histórico de 648.114 barriles diarios de crudo, lo que representa un incremento del 30% en comparación con el año anterior. La producción de gas alcanzó 118,64 millones de metros cúbicos diarios.
Desde enero hasta junio de 2026, las exportaciones acumuladas crecieron un 48% en relación al mismo periodo del año anterior, y se prevé que el saldo positivo de la balanza energética para el año alcance aproximadamente los 14.000 millones de dólares.
Estos datos son utilizados por el oficialismo para argumentar que “la macro está resuelta” y para señalar que el debate que se debe enfrentar ahora es de “segunda generación”, enfocado en reformas laborales, previsionales y tributarias.
No obstante, Georgieva moderó el optimismo. Durante un diálogo con la prensa, destacó que Argentina muestra un sólido desempeño en petróleo, gas, minería y agricultura, gracias a una recuperación de la confianza, aunque también advirtió sobre las “dificultades en sectores como la construcción, los servicios y la logística”. Por ello, recomendó que el Gobierno dirija su atención hacia esos ámbitos en términos de reformas y apoyo dentro de las limitaciones fiscales. Para lograr esto, sugirió tres acciones: reducir la morosidad, desarrollar el mercado de capitales y llevar a cabo obras de infraestructura.
La advertencia de la directora del FMI resonó en el análisis de expertos locales. Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), opinó que el efecto derrame es limitado. “Ella es muy sutil porque es hábil declarante y dice, marcándole la cancha al Gobierno, que hay sesgo en el comportamiento de la actividad motorizada por la energía y minería, que por ahora, no tiene efecto sobre el resto de las actividades. Pero no va a tener efecto, el efecto es marginal”, señaló.
Letcher argumentó que si bien la energía y la minería pueden beneficiar a ciertos sectores específicos de la industria, como la metalurgia, el impacto general es secundario. A su juicio, la estructura del sector energético conlleva un bajo derrame, y la apertura importadora, junto con el Régimen de Importación de Grandes Inversiones (RIGI), favorece la llegada de maquinaria extranjera, dificultando la integración de proveedores locales.
Una fuente anónima que mantuvo una conversación con un medio de comunicación aportó una visión adicional sobre el efecto de Vaca Muerta en el Producto Bruto Interno (PBI). Según su análisis, “el derrame en el nivel de actividad, en el PBI, es 20%, el 50% está hundido y el 30% neutro”.
Este crecimiento se relacionó con efectos sobre la cadena de proveedores y el comercio, aunque se ve limitado por el escaso uso de mano de obra y la localización geográfica restringida. “El impacto en el PBI está, pero pondera por la participación del sector en la economía; comercio, construcción y servicios son el 45%. Cuando eso crece o decrece, es diferente en términos del impacto y localización geográfica y de utilización de mano de obra”, resumió la fuente.
Su análisis también dedicó un apartado a la utilización de las divisas generadas por el sector energético. “Los dólares de Vaca Muerta que aparecen en Punta Cana, es el producido de lo que ahí sale”, aclaró la fuente, refiriéndose a la fuga y uso de divisas fuera del circuito productivo local.
Asimismo, cuestionó la viabilidad de nuevas inversiones en infraestructura debido a un financiamiento fiscal restringido y advirtió que “el Gobierno absorbe todos los pesos que emite”, limitando el crédito hacia el sector privado. Finalmente, resaltó el fenómeno de la dolarización de portafolios, donde los dólares generados por la energía son utilizados para satisfacer la demanda interna de ahorro, viajes y pagos.
Pese a esto, se puso de manifiesto una mejora en la actividad económica durante junio, especialmente en sectores que habían mostrado rezagos tras la caída del 0,5% en mayo. La consultora Analytica indicó que el Índice Líder de Actividad (ILA) creció un 0,3% en relación a mayo y un 1,7% en comparación con junio de 2025, aunque se reflejó una caída trimestral del 0,7% en el segundo trimestre.
El impulso general estuvo centrado en el consumo y el agro, a pesar de que menos de la mitad de los indicadores sectoriales sostuvieron la tendencia positiva. El agro destacó como el motor más significativo, con un aumento mensual del 3,0% en el IACA-BCR y un índice general un 10,9% por encima del año anterior, impulsado por una cosecha récord. Sin embargo, la inversión en maquinaria agrícola se contrajo un 12,0%, profundizando la tendencia negativa del mes anterior.
El consumo y los créditos también mostraron signos de mejoría, con una recaudación de IVA-DGI que aumentó un 9,0% y un impulso de la confianza del consumidor del 6,4%, atribuido al pago de aguinaldos. Los préstamos a empresas subieron un 0,3%, apoyando la hipótesis de que la mayor liquidez ha tenido efectos transitorios. En el ámbito externo, las importaciones crecieron un 3,4% en valor, mientras que las exportaciones cayeron un 0,9%, en consonancia con el aumento del consumo.
La industria, por su parte, muestra una dinámica diversa. La producción de hierro disminuyó un 26,8%, siendo la caída más significativa entre todos los sectores, mientras que la producción de acero laminado en caliente, acero no plano y acero plano experimentaron ligeros incrementos. La fabricación de lavarropas y secarropas bajó un 11%, mientras que la producción de calefones y termotanques se incrementó un 0,8%. La producción de gas se recortó un 0,3%, al igual que la demanda eléctrica de grandes usuarios, que descendió un 0,2%.
El sector de la construcción mostró un retroceso en junio. El Índice Construya disminuyó un 2,0% y el consumo de cemento se redujo un 5,9%, tras un mes de mayo positivo. El sector automotriz evidenció una disparidad entre las ventas mayoristas, que crecieron un 10,1%, y los patentamientos de autos (-0,7%), motos (-1,6%) y la producción de vehículos (-7,6%).
Las opiniones de analistas y consultoras coincidieron en señalar que la economía sigue operando bajo un esquema de “dos velocidades”, con un sector exportador dinámico y globalizado, y otro de servicios y empleo formal que aún no logra un progreso al mismo ritmo. El debate sobre si Vaca Muerta puede impulsar al resto de los sectores productivos continúa abierto en el ámbito público y político.






