“El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida. Pero también me quedo con todo lo bueno…”, compartió en su primer mensaje tras la final a través de una publicación en Instagram. Al abandonar el estadio MetLife, lo hizo en silencio, junto a sus compañeros, caminando por detrás de la zona mixta, solo siendo captado por las cámaras cuando, con una bolsa azul, recorrió los 50 metros hacia el micro decorado con la bandera argentina.
“Con los partidos que dimos vuelta dejando todo y que quedarán para siempre en la memoria, con el apoyo de un país entero que, junto con el trabajo y esfuerzo de este grupo, nos llevó a volver a estar, una vez más, entre los mejores del mundo. Hoy cuesta valorar lo que hicimos, pero este grupo llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo”, reflexionó.
Solo ante la multitud de hinchas que lo vitoreaban empezó a caer en la cuenta de la magnitud de lo sucedido. Entre lágrimas, permaneció sentado en el césped del estadio de Nueva York/Nueva Jersey. Su desconsuelo al recibir la medalla de subcampeón por segunda vez en su carrera, luego de la de Brasil 2014, fue evidente, contagiando su tristeza a los presentes. La misma sensación se respiraba en el rostro de Scaloni.
No se trató de una falta de respeto hacia los españoles, sino de un gesto de amor de un equipo a sus aficionados. Esta conexión se evidenció en cada uno de los ocho partidos que la Scaloneta disputó en ciudades como Kansas City, Dallas, Atlanta, Miami y Nueva York. La delegación permaneció en el campo hasta que Rodri levantó el trofeo, mientras que la selección española también giró su espalda a gran parte del estadio, un tema de televisación. Pocos recordarán lo que hizo Francia en Lusail.
La autenticidad de los dos líderes de la Selección ha sido uno de los aspectos que más los acercó a la gente, convirtiéndolos en emblemas de nuestra identidad. Sus reacciones también denunciaron frustración; Scaloni, por las limitaciones en los cambios por problemas físicos, y Messi, por no poder pelear la final a pesar de sus intentos finales que mostraron su grandeza en este torneo, a sus 39 años.
“Muchas gracias de corazón por cada saludo y por cada mensaje. Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos”, concluyó el capitán, quien había instado a sus compañeros, en la arenga previa a la final, a “olvidarse de todo”, en clara alusión a las críticas sobre el rendimiento de la Scaloneta y los supuestos favoritismos de la FIFA.
El entrenador ha respetado siempre las decisiones personales de Messi. Cuando lo contactó en 2018 para avisarle que aceptaría el rol de director técnico, marcó el inicio de una relación de confianza que se extendió hasta la final del Mundial. “Hay veces que hasta es mejor que esté, aun con dificultad, por todo lo que genera”, comentó durante una gira de amistosos. Esta afirmación y el rendimiento de Messi en el tiempo adicional del segundo tiempo explican por qué permaneció en el campo mientras el equipo defendía con todo para mantener el resultado.
Por lo tanto, será él quien decida dar el paso final. Pero, hasta ahora, esa decisión no ha llegado. Es razonable pensar en el futuro, recordando el abrupto final que tuvo Diego Armando Maradona en el Mundial 1994. Nadie puede garantizar que no surgirá un talento superior, aunque eso parezca una ilusión del destino.
Scaloni ha designado como heredero a Nico Paz, un joven talento de 21 años, nacido en Tenerife, España, que optó por representar a la albiceleste, al igual que Messi hace más de dos décadas. A pesar de solo haber jugado unos minutos en este Mundial y haber sido titular contra Jordania, ya asistió a Messi en su debut en la mayor contra Bolivia por eliminatorias.
Paz continuará la próxima temporada en el Como de Italia, donde ha mostrado un notable rendimiento que resultó en un negocio millonario para el Real Madrid, el club que lo formó. Se espera que encuentre su lugar en la selección, a pesar de sus diferencias en estilo con Messi. Scaloni lo ha ubicado en el extremo derecho del ataque, formando un prometedor tándem con Thiago Almada, además de contar con Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
Una generación de futbolistas ha crecido sin conocer un equipo sin Messi, salvo por una interrupción en 2018 (seis partidos sin convocatorias por decisión propia). Por ello, nada será igual en la era post-Messi.
Con un contrato que lo liga al Inter Miami hasta 2028, hay esperanza de disfrutar un poco más de su talento. Así que queda un pedido: lo que sea que esté por venir, disfrutemos del momento, como ocurrió en estos últimos 40 días, que es lo que desea toda Argentina.






