Los datos de junio último confirman que el contexto general para acceder a los mercados de deuda fue favorable. Los operadores de bonos emergentes han señalado que los mercados primarios se mantuvieron abiertos el mes anterior, con una oferta cercana a los 20.000 millones de dólares, superando su promedio estacional reciente, y una emisión neta que ya supera los 100.000 millones de dólares en lo que va del año.
Según informes de bancos y fondos de inversión global, en junio se llevaron a cabo operaciones de bonos importantes en México y China, así como emisiones en Letonia y Baréin, lo que indica que el acceso al mercado se mantuvo en todas las regiones. Así, junio no marcó una interrupción en la financiación de la deuda soberana. De hecho, los inversores internacionales continuaron mostrando interés por la deuda, impulsados por condiciones adecuadas en el “carry trade”, la calidad crediticia y la resiliencia externa. La reapertura de la deuda, aunque más selectiva, se ha mantenido.
El interés de los inversores globales por la deuda emergente se ha mantenido robusto, con emisiones soberanas que alcanzaron cerca de 170.000 millones de dólares en el primer semestre, marcando el mejor rendimiento en este período en años. Otras fuentes indican flujos hacia bonos emergentes por casi 180.000 millones de dólares, superando los 142.000 millones del año anterior.
A nivel regional, Latinoamérica ha demostrado resiliencia. En junio, los flujos hacia la deuda emergente crecieron a más de 5.000 millones de dólares. Según operadores de bonos, la región se beneficia de factores como un “carry trade” más favorable, la exposición a materias primas y el conocimiento de los inversores sobre escenarios de altas tasas de interés reales. Sin embargo, advierten que esta fortaleza no la exime de los desafíos que enfrenta el mercado emergente en general.
En el ámbito de la renta fija, los mercados emergentes siguen ofreciendo rendimientos atractivos en un momento donde muchos inversores tienen una baja asignación en esta clase de activos. Es notable que el crédito en divisas fuertes cuenta con el respaldo de ingresos por cupones y acceso continuo al mercado, mientras que los mercados locales siguen recibiendo demanda gracias a altas tasas de interés reales y políticas creíbles. Los inversores todavía están dispuestos a financiar a los mercados emergentes, aunque son más reacios a asumir riesgos en otras áreas.
Los inversionistas globales perciben un riesgo relacionado con el contexto de liquidez, que podría volverse menos favorable en un escenario de volatilidad creciente en el precio del petróleo. Cabe destacar que los datos de junio son anteriores al aumento de los precios de la energía a principios de julio, lo que elevó los precios del crudo y reavivó preocupaciones sobre posibles interrupciones de suministro. Esto es significativo, ya que para los mercados emergentes, el precio del petróleo y la liquidez del dólar pueden tener un impacto recíproco: el aumento de los precios del petróleo incrementa la presión inflacionaria y afecta la balanza de pagos de los importadores, mientras que una Reserva Federal más restrictiva, bajo la gestión de Warsh, eleva el umbral de riesgo en los mercados emergentes.
Si bien esto no detiene automáticamente los flujos hacia los mercados emergentes, sí hace que el “carry trade” sea menos generoso. Así, los países con altas tasas de interés reales y políticas inflacionarias creíbles seguirán atrayendo capital, mientras que aquellos con saldos externos más débiles, mayores riesgos de inflación importada o marcos políticos menos confiables enfrentarán primas de riesgo más altas.
Los especialistas consideran que la reapertura de la deuda podría continuar, aunque se espera que sea más selectiva. Seguramente, el equipo económico encabezado por Luis Caputo está al tanto de esta situación, especialmente con un ojo en el año electoral 2027. A veces, el deseo no se traduce en la capacidad de actuar.






