Ariel (52) y Hernán Martínez (45) son dos de los protagonistas de esta historia, junto a Fernando Menghi (52). Ambos hermanos llevan años inmersos en un oficio que, aunque arriesgado, permanece en las sombras: lograr que el público crea que un personaje se lanza desde un edificio, atraviesa un parabrisas o se envuelve en llamas. Menghi, un coordinador de dobles y efectos especiales, completa un equipo que ha contribuido a algunas de las escenas más memorables del cine argentino en las últimas tres décadas.
Desde temprana edad, ya desafiaban el riesgo sin la presencia de cámaras o directores. Jugaban como niños en un patio de tierra que se convertía en un improvisado campo de acción. “Mi primera experiencia como doble de riesgo fue gracias a mi hermano”, rememora Hernán. “Él ya estaba metido en esto. Recuerdo que jugábamos cuando éramos muy chicos. Ariel siempre tuvo una gran pasión, al igual que yo. Veíamos series como Los Dukes de Hazzard y El Auto Fantástico. No era común que alguien jugara a ser doble de riesgo”, destaca.
Los hermanos transformaban kartings en autos de persecución, bicicletas en motos y usaban rampas donde otros solo veían un terreno llano. “Mi mamá nos advertía: ‘¡Cuidado, se pueden matar!’ Ariel me llevaba a lugares donde no se podía andar con un karting. Hacíamos saltos y trompos, cosas que no eran normales para nuestra época”, relata.
Ariel sonríe al recordar cómo su padre, un mecánico, introdujo a los autos en su vida desde muy jóvenes. “Él me dejaba manejar su moto a los diez años. Daba la vuelta a la manzana y regresaba, me sostenía para que no cayera. Lo que hoy hacemos con autos modificados, ya lo hacíamos de chicos”, confiesa. Por su parte, Ariel practicó artes marciales, lo que influyó en su equilibrio y caídas, convirtiéndose en una parte esencial de su carrera. “Jugábamos a ser vaqueros, nos dábamos golpes y saltábamos sobre las mesas. Eran juegos infantiles que luego llevamos a la adultez”, dice.
Menghi, en cambio, llegó al mundo de los dobles desde un gimnasio. “No elegí este trabajo, fue el trabajo el que me eligió”, comparte con nostalgia. Empezó haciendo gimnasia artística a raíz de su hiperactividad, y fue descubierto para desempeñarse como doble de riesgo. A través de su preparación, aprendió a caer sin lastimarse y a dominar su cuerpo en situaciones extremas. “El alto rendimiento de la gimnasia era más complicado que mi nueva ocupación”, añade.
Ariel fue el primero en profesionalizarse, tras un casting en una compañía de efectos especiales. Sus hermanos se unieron posteriormente, y juntos fundaron en 2007 la empresa Efectistas, donde coordinan complejas secuencias de acción para producciones como El Marginal y Hija del Fuego: la venganza de la bastarda.
En el mundo de los dobles, lo que parece espectacular en pantalla es el resultado de horas de planificación y ensayos. Detrás de cada acrobacia y explosión, hay un proceso meticuloso que no deja lugar para el error. “En este trabajo, el margen de error es mínimo; no podemos fallar”, advierte Hernán, quien menciona que cada acción se ensaya con anterioridad. Resalta que, aunque en otras partes del mundo se pueda repetir una toma con un vehículo, en Argentina solo se cuenta con una oportunidad.
El grupo de alrededor de treinta colaboradores no solo efectúa las escenas de acción, sino que también se ocupa de la seguridad y la logística. “En Estados Unidos hay más técnicos y menos trabajo para cada uno. Aquí, nuestro equipo más pequeño nos brinda una gran experiencia. He participado en más de 120 rodajes”, explica Hernán.
Con el avance de la inteligencia artificial en la industria, Hernán enfatiza que hay habilidades que son únicas y que no pueden ser reemplazadas. “Ninguna tecnología puede suplantar la experiencia de un doble de riesgo; el humano aporta más que la máquina”, sostiene.
Pese a la experiencia acumulada, el miedo sigue presente antes de cada acción. “El que dice no tener miedo es un mentiroso o no está bien de la cabeza. Todos tenemos miedo, pero hay que aprender a controlarlo”, asevera Hernán. Ariel añade que en la adrenalina de una caída o en una explosión siempre existe un elemento de incertidumbre: “Cuando vuelcas un auto, quedan segundos en los que te preguntas: ‘¿Qué sucederá cuando impacte con el suelo?’. Es una experiencia aterradora, pero es algo que hemos ensayado”, describe.
En el caso de trabajar con fuego, el respeto hacia la escena permanece: “Tienes que confiar en quienes te rodean, porque sabes que han hecho esto muchas veces. Te aseguran que estás bien equipado antes de que te enciendan. Te prendes fuego, pero confías en tu equipo”, explica.
La confianza entre los miembros del equipo es fundamental. Recientemente, hicieron una escena de atropello donde Ariel debía recibir el impacto mientras que Fernando conducía. La coordinación es vital: “Tienes que confiar en el conductor. Si no cumples con la velocidad acordada, puede ser mortal”, enfatiza. La estrecha colaboración se logra a través de años de experiencia compartida. Hernán recuerda un momento con el director Marcos Carnevale, quien se sorprendió por la sincronización de los hermanos: “Él notaba la conexión que teníamos. Necesitamos anticiparnos a lo que hará el otro, aun después de haberlo discutido”, concluye.






