Uno de los principales puntos de esta iniciativa es el aumento del corte obligatorio de bioetanol en las naftas, del 12% al 15% en un año, así como el incremento del biodiesel en el gasoil, del 7,5% al 10%. La propuesta busca sustituir la actual Ley 27.640 mediante un nuevo marco regulatorio que tendrá una duración de 15 años, además de plantear el fin del sistema de precios controlados para adoptar un modelo con menos intervención estatal.
No obstante, el consenso entre gobernadores y empresas sobre el bioetanol no se refleja en el biodiesel, donde persiste una marcada división, principalmente entre grandes aceiteras y pequeñas y medianas empresas. Desde el oficialismo se admite que esta divergencia ha ralentizado el avance del proyecto y que podría considerarse un tratamiento por separado para el bioetanol. Es importante resaltar que la diferencia entre estos biocombustibles radica en que el bioetanol se produce a partir de caña de azúcar y maíz, mientras que el biodiesel se elabora principalmente con soja.
La industria azucarera, por su parte, espera que este desacuerdo no impida una reforma que, según el sector, podría marcar el inicio de una nueva etapa para el bioetanol derivado de caña de azúcar. “El proyecto de bioetanol presentado por Bullrich es fundamental por varios motivos. Atrae estabilidad económica a toda una región y todos los actores involucrados, incluidas las petroleras y el oficialismo, han llegado a un consenso”, sostuvo Catalina Rocchia Ferro, directora de la compañía azucarera Los Balcanes.
Rocchia Ferro destacó los cambios que ha experimentado su negocio en los últimos años, tanto en términos de producción como de inversión. “Pasamos de producir 200 millones de litros a 600 millones de litros de etanol. Entre 2024 y 2025, nuestras exportaciones se incrementarán 10 veces. Hemos invertido más de 800 millones de dólares”, añadió. Según ella, un mayor corte de bioetanol no solo ampliaría la matriz energética nacional, sino que también reduciría la dependencia de combustibles importados.
Esta perspectiva también es compartida por otros industriales de la región, aunque cada uno con su enfoque particular. José Alarcón, director de Operaciones del Ingenio Seaboard en Salta, subrayó la importancia del proyecto en cuanto a la previsibilidad que ofrece para una actividad que precisa de “inversiones de largo plazo”. Destacó tres aspectos positivos del esquema legal propuesto: fomento a la competitividad, previsibilidad a largo plazo y mejoras en la eficiencia interna.
La optimista expectativa de crecimiento en el negocio se ve reflejada en los ingenios tucumanos. “Estamos ante una agroindustria con un enorme potencial de desarrollo”, enfatizó Sebastián Budeguer, del Ingenio Leales.
Además, el debate sobre el etanol se produce en un contexto de reestructuración dentro de la propia industria azucarera. Santiago Blaquier, quien renunció el año pasado al directorio de Ledesma y adquirió en diciembre el Ingenio Concepción en Tucumán, considera que el impulso del etanol es clave para dicho proceso.
“Es una ley que necesitamos en el NOA para el desarrollo del etanol”, aseveró Blaquier, quien encontró que tras años de discutir sobre la transformación del sector en Ledesma, es necesario impulsar este cambio desde Tucumán, donde operan 14 de los 19 ingenios del país. “Mi familia me enseñó a hacer negocios en Argentina, y aquí es donde continúo con esos esfuerzos”, añadió. La adquisición del Ingenio Concepción representa el primer paso de un proyecto enfocado en aumentar la escala en esta industria atomizada.
Según Blaquier, la oportunidad no radica únicamente en el mercado nacional. La competitividad de los costos de producción en Argentina abre la puerta a captar mercados internacionales. “A diferencia de otros países de Latinoamérica, la industria argentina tiene uno de los costos de producción más competitivos del mundo”, afirmó. Citó el ejemplo de Chile, que produce alrededor de 120.000 toneladas de azúcar y acaba de cerrar su última planta, quedando dependiente de las importaciones, siendo Argentina su principal proveedor.
Finalmente, Blaquier concluyó señalando que el sector tiene un potencial significativo. “Veo una oportunidad enorme. En los últimos años, el sector experimentó un aporte entre 200 y 400 millones de dólares anuales”.






