Cirielli, quien ocupó un cargo en la gestión de Kirchner, relató que conoció a Jaime antes de su nombramiento en mayo de 2003. “Parecía una persona humilde, después me di cuenta de que no lo era”, sostuvo.
De acuerdo a su testimonio, Jaime llegó de Córdoba en micro, vestido de manera informal, y a menudo no contaba con dinero para comer. En varias ocasiones, Cirielli le pagó un sándwich y le ofreció ayuda cuando Jaime le preguntó por un hotel, ya que no tenía dónde alojarse.
El testigo manifestó que, tras un tiempo, Jaime se mudó a un departamento y, según lo que le había comentado un empleado, llegó a poseer un yate. “Fue notorio el cambio. Pasó de no tener nada a tener oro por todo el cuerpo, trajes de lujo, todo lo mejor tenía”, relató. Los empleados del área lo apodaban “Mario Baracus” o “el Señor de los Anillos” por las joyas que lucía.
En otra parte de su declaración, Cirielli habló sobre los bolsos que Jaime transportaba. Relató que una secretaria personal de Jaime le había expresado su temor, ya que la enviaban con bolsos que contenían billetes de baja denominación para cambiarlos por billetes de mayor valor en un banco.
Cirielli también mencionó que se encontró en varias oportunidades con Jaime en el ascensor reservado para funcionarios del Ministerio de Economía. Lo observó cargando un bolso de cuero que, según su impresión, era pesado. Cuando le preguntaba su destino, Jaime respondía que iba a ver “al Loco”, refiriéndose a Néstor Kirchner.
Estos encuentros sucedían por la noche, entre las 21 y las 22 horas, y poco después se oía despegar el helicóptero presidencial.
Cirielli enfatizó que nunca vio el contenido de los bolsos, ni fue testigo de las reuniones entre Jaime y el expresidente. Al ser consultado sobre si el dinero tendría como destinatario a Kirchner, respondió que se trataba de “deducciones” basadas en lo manifestado por la secretaria y en el conocimiento de que Jaime sostenía reuniones frecuentes con el fallecido mandatario.






