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Argentina, el país de la región con mayor descenso en el ranking de universidades

1 octubre, 2026
in Sociedad
Argentina, el país de la región con mayor descenso en el ranking de universidades
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Argentina ha registrado nuevos resultados negativos en un ranking universitario, esta vez en la clasificación QS de América Latina, donde experimentó la mayor caída de la región. Entre las universidades argentinas evaluadas, 17 descendieron en el ranking, ocho mejoraron su posición y 20 mantuvieron sus lugares.

Este desempeño ocurre en un contexto marcado por una significativa reducción en el financiamiento público destinado a la ciencia y la educación superior. De 2023 a 2025, la inversión nacional en educación se redujo en un 41,2%; la asignada a las universidades públicas cayó un 28,9%; y la inversión en investigación científica disminuyó un 43,9%.

Las proyecciones a partir de 2025 muestran una recuperación de estos niveles, pero el análisis del Presupuesto 2027 indica que la caída acumulada entre 2023 y 2027 se estima en un 44,1% para la educación, un 25,2% para las universidades nacionales y un 38% para la ciencia, según comentó Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET.

Los responsables del ranking QS atribuyen el retroceso de Argentina a “el impacto de las continuas presiones presupuestarias y de financiamiento”, aunque subrayan que las universidades mantienen una “sólida reputación”. Aclararon que no se puede vincular el descenso a la gestión de un gobierno específico.

“Los resultados de Argentina reflejan desafíos acumulados a lo largo de muchos años, más que los de un único ciclo político. El país ha enfrentado una inestabilidad económica recurrente, presiones inflacionarias y restricciones en la financiación de la educación superior y la investigación durante un periodo prolongado, lo que dificulta mantener la capacidad investigadora y retener el talento académico”, afirmó Ben Sowter, vicepresidente de la consultora británica Quacquarelli Symonds, responsable de elaborar el ranking.

Sowter agregó que “las recientes presiones presupuestarias han agravado estos desafíos, pero las clasificaciones señalan un problema estructural más amplio: el desempeño en investigación. Argentina cuenta con uno de los sistemas más sólidos de América Latina en términos de reputación y recursos docentes; sin embargo, ninguna universidad está entre las 50 mejores de la región en citas por artículo ni en artículos por docente, lo que limita su competitividad general”.

La UBA logró mantener el décimo lugar en la región y se posiciona como la universidad argentina mejor clasificada, destacándose especialmente en los indicadores de Reputación Académica y Reputación de Empleadores, donde ocupa el segundo puesto entre las instituciones evaluadas.

“El posicionamiento de la UBA entre las mejores universidades de Latinoamérica renueva nuestro compromiso y responsabilidad como institución académica. Es el resultado del trabajo de docentes, nodocentes, científicos y de todas las personas que forman parte de nuestra institución, quienes, a pesar de la crisis, continúan trabajando para todos los argentinos”, expresó el rector de la UBA, Ricardo Gelpi.

Detrás de la UBA, las cinco universidades argentinas mejor posicionadas incluyen a la Universidad Nacional de La Plata (21°), la Austral (25°), la Nacional de Córdoba (30°) y la UCA (42°). La Austral, como la primera privada en el ranking, enfatizó la importancia de la educación personalizada, según su vicerrectora de Alumnos y Extensión, Lorena Bolzon.

La Universidad Nacional de San Martín logró ingresar al top 100 regional, ubicándose en el puesto 94, mientras que la Universidad Nacional de Córdoba alcanzó su mejor posición histórica al situarse entre las 30 mejores, y la Universidad de San Andrés se colocó en el top 50.

En la clasificación general de América Latina, la Universidad Católica de Chile ocupó el primer lugar, seguida por la Universidade de São Paulo y la Universidade Estadual de Campinas (Unicamp).

La última edición del ranking QS evaluó un total de 517 universidades de 27 países. Argentina, con 46 instituciones clasificadas, se posiciona como el cuarto sistema de educación superior con mayor representación en el ranking.

Ante la pregunta de por qué Argentina es el país que más ha caído, Marcelo Rabossi, especialista en educación superior, hizo hincapié en que estos rankings a menudo son parciales y pueden resultar “engañosos”.

“Son parciales porque observan solo una parte de la realidad. En Argentina, especialmente en el sector público, la principal misión de la universidad es la inclusión, y este objetivo puede jugar en contra de la condición de élite. Las universidades que ocupan las mejores posiciones suelen ser instituciones selectivas con altos estándares de admisión y mecanismos de selección que las universidades públicas argentinas no poseen. Si incluyéramos al Instituto Balseiro, su alta selectividad y enfoque en la investigación posiblemente lo posicionarían entre las mejores de la región y quizás entre las 50 mejores a nivel mundial”, comentó.

Respecto al aspecto engañoso de los rankings, Rabossi indicó que alrededor del 50% de la puntuación se deriva de indicadores de percepción, lo que genera una estabilidad artificial entre las universidades que ya están en el podio, mientras que aquellas que se encuentran por debajo de las 30 o 40 posiciones muestran una gran volatilidad.

Para abordar el descenso en las universidades argentinas, Rabossi sostuvo que es necesario centrarse en la disminución en investigación, un área que representa aproximadamente el 25% del puntaje final del ranking. “Este es un problema de larga data que no se originó con este gobierno, pero los recortes sostenidos en el sector de ciencia y tecnología hacen que la perspectiva futura sea desalentadora”, reflexionó el especialista.

Desde QS se destaca una contradicción: a pesar de la alta conectividad internacional de las universidades argentinas, su capacidad de investigación es limitada. “Mientras que la UBA, la UNLP y la UNC poseen sólidas redes globales, los resultados más débiles en cuanto a citas, productividad y capacidad de doctorado sugieren que estas alianzas no se traducen de manera consistente en resultados e impacto en la investigación”, señalaron.

Estos resultados coinciden con una significativa reducción en la financiación de la ciencia y el poder adquisitivo de los investigadores, lo que ha interrumpido proyectos y presionado las trayectorias de investigación.

Cuando se le preguntó qué se puede hacer para mejorar en este contexto de recortes financieros, Rabossi afirmó que “lo primero es seguir presionando al gobierno para que detenga el ajuste y, aún más, para que restablezca al menos los niveles de financiamiento vigentes a diciembre de 2023”.

“Es necesario recordar que existen equilibrios fiscales sanos y otros que no lo son. Los primeros recortan el gasto que no contribuye al desarrollo; los segundos afectan áreas indispensables para el crecimiento y la modernización del país. Disminuir el financiamiento a universidades y a la ciencia es suicida”, añadió.

“Además, las universidades deben buscar fuentes alternativas de financiamiento en el sector productivo, crear alianzas estratégicas y movilizar a su base de graduados a través de campañas de recaudación. En los últimos 25 años, las universidades nacionales han graduado 2,5 millones de profesionales que no pagaron por su formación, por lo que concientizar sobre este hecho y promover una contribución voluntaria es no solo lógico, sino también ético”, sugirió.

Por su parte, Sowter expresó que “la evidencia internacional indica que las universidades pueden mantener su competitividad durante períodos de restricciones financieras si concentran recursos en áreas de investigación con mayor potencial de impacto, fortalecen la formación doctoral y profundizan las alianzas internacionales en investigación”.

“Priorizar la retención de investigadores, ampliar los proyectos de investigación colaborativa y concentrar los recursos limitados en grupos de investigación de alto rendimiento puede ayudar a preservar la competitividad a pesar de las presiones presupuestarias generales”, concluyó.

El ranking QS es uno de los más reconocidos a nivel internacional y se basa en el análisis de seis indicadores de distinto peso: reputación académica (30%), reputación entre empleadores (20%), proporción de profesores por estudiante (10%), citas de artículos (10%), publicaciones por docente (5%), profesores con doctorados (10%), red internacional de investigación (10%) e impacto en la web (5%).

Además del ranking QS, existen otras clasificaciones universitarias que valoran más los datos objetivos, como la investigación científica y las publicaciones, como el ranking de Shanghai y el CWUR.

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