El Presidente mantiene un fuerte enfrentamiento con el ministro de Seguridad bonaerense, que recrudeció después del crimen del colectivero en La Matanza.
El asesinato del chofer de colectivos, Daniel Barrientos, en La Matanza, generó no solo fuertes protestas con violentas agresiones al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, sino un recrudecimiento de la tensión entre la Casa Rosada y el kirchnerismo sobre la situación del funcionario provincial.
En medio de un clima caliente en el conurbano bonaerense por la crisis de inseguridad, el presidente, Alberto Fernández, volvió a exigir en privado el desplazamiento de Berni, con el que está enfrentado, que lo descalificó y que le hizo múltiples críticas en público. El lunes el Presidente decidió no participar de un acto en el conurbano bonaerense y hasta el momento eligió el silencio sobre la ola de delincuencia en la Provincia.
Berni se apoya en el respaldo de la vicepresidenta, Cristina Kirchner, a la que llegó a definir como su “jefa política”, y del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, que lo defienden pese a todas las duras críticas que recibe. Al gobernador bonaerense Berni le es “funcional”, porque le sirve como una suerte de “tapón” frente a la crisis de inseguridad y es el que “pone la cara” en momentos de alta tensión.
El asesinato del chofer de colectivos en La Matanza recalentó las disputas entre el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, y Berni, con acusaciones cruzadas. El funcionario nacional dijo que su par bonaerense no le pidió el envío de gendarmes y Berni salió al cruce, al calificarlo de “mentiroso”, lo que volvió a evidenciar la fuerte tensión en el manejo de la seguridad entre los gobiernos nacional y bonaerense.






