Este pronunciamiento se produjo durante la 4° Comisión de la Asamblea General de la ONU, en respuesta a una propuesta presentada por la Federación Rusa, que obtuvo el apoyo de países como Brasil, México, Sudáfrica e India.
La propuesta buscaba reafirmar la Resolución 1514, que establece la necesidad de erradicar el colonialismo y defiende la integridad territorial ante cualquier intento de ocupación que infrinja las normas internacionales. Esta resolución forma parte del marco internacional que respalda el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, ocupadas por Gran Bretaña desde 1933.
A pesar de que Milei se había embarcado en una sutil campaña en defensa de la soberanía, decidió no apoyar dicha resolución. Su voto de abstención contrasta con su discurso en la Asamblea General de septiembre, donde solicitó la “erradicación del colonialismo” en Malvinas y afirmó que el principio de libre determinación “existe para liberar a los pueblos colonizados, no para consagrar situaciones derivadas de la colonización”, como sucede en el caso de Malvinas.
No obstante, Argentina no fue el único país en abstenerse; su decisión siguió la pauta marcada por Estados Unidos. Otros países que tomaron una postura similar incluyen Chile, Costa Rica, Colombia, Guatemala, Honduras, Perú y Paraguay.
A pesar de esta clara alineación regional bajo gobiernos de derecha vinculados a Donald Trump, la iniciativa fue aprobada con 85 votos a favor, 49 en contra y 23 abstenciones, y ahora procederá a ser discutida en el pleno de la Asamblea General.
Este suceso pone de manifiesto que la postura supuestamente firme de Milei respecto a Malvinas no es más que una representación superficial o, al menos, una contradicción respecto del reclamo soberano y la exigencia de sanciones a las empresas petroleras que operan en dicha zona.
La cuestión de Malvinas continúa en la agenda del Comité de Descolonización, considerado un claro ejemplo de colonialismo. La ONU ha instado repetidamente tanto a Gran Bretaña como a Argentina a entablar negociaciones, aunque Londres ha mantenido una posición de rechazo constante, contando con el apoyo de Estados Unidos en esta postura.
Una de las razones detrás de la abstención de Washington, que arrastró a otros gobiernos en la misma dirección, es que el proyecto ruso incluía la idea de extender el concepto de “colonialismo” a las sanciones económicas y comerciales promovidas por Estados Unidos a través de las polémicas sanciones unilaterales de Trump.
El ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, fue uno de los primeros en criticar la decisión argentina, calificándola de “papelón” y cuestionando a la diplomacia por su sometimiento ante la Casa Blanca. “La Cuestión Malvinas merece una diplomacia que no esté de rodillas. Abstenerse frente al colonialismo no es solo un papelón. Constituye un acto de irresponsabilidad. La Cuestión Malvinas debe volver a ser definida por los argentinos. Y volverá a serlo”, indicó en sus redes sociales.
Las críticas recibieron una rápida respuesta del canciller Pablo Quirno, quien descalificó a Bianco en la red social X, argumentando: “No puede manejar una provincia, mirá si va a entender de política internacional”, sin ofrecer más explicaciones.






