En un aparente intento por recomponer la relación con el resto del Gobierno, particularmente con Karina Milei, Sturzenegger defendió la gestión del presidente Javier Milei y realizó un ataque a las críticas que enfrenta su administración. Su figura ha sido objeto de escrutinio por parte de varios compañeros de Gabinete tras haber tomado decisiones controvertidas, entre las que se incluye un DNU que desregulaba el practicaje y provocó la paralización del comercio exterior durante varios días hasta que Milei decidió eliminarlo.
Sturzenegger sugirió que los fracasos de Macri no se debieron enteramente a su gestión, señalando que, según él, durante su presidencia todo marchaba bien hasta el año 2017. “Caló tan hondo la idea de que todo iba mal que el Gobierno perdió el rumbo. Se desvió de su camino, agobiado por la supuesta urgencia. Lo que vino después es historia conocida”, argumentó el ministro en su artículo.
Su defensa del macrismo incluyó el argumento de que “el riesgo K”, hoy renombrado como “riesgo kuka”, inquietó a los mercados y provocó que las carteras se dolarizaran, lo que a su vez generó la necesidad de endeudarse con el FMI. Sin embargo, cabe recordar que Macri anunciaba en mayo de 2018 un acuerdo con el Fondo que solicitaba 57 mil millones de dólares, de los cuales ingresaron más de 44 mil. Se trató del acuerdo más grande en la historia del organismo, representando un 1.110% de la cuota que le correspondía al país.
El mismo FMI reconoció que dicho pacto fue político, violando su propia carta orgánica, y que el dinero desembolsado fue utilizado en parte para la fuga de capitales, algo que Macri reconoció posteriormente. En una entrevista de 2021, el ex presidente manifestó que “parte del dinero se usó para pagarles a los bancos comerciales que se querían ir porque tenían miedo de que volviera el kirchnerismo”.
La tan mencionada “lluvia de inversiones” del macrismo estuvo, según el análisis de Sturzenegger, formada en gran parte por capitales que ingresaban, se cambiaban a pesos, y tras acumular enormes ganancias gracias a las altas tasas de interés, terminaban siendo nuevamente convertidos a dólares y enviados al exterior. Este fenómeno permitió obtener considerables ganancias en dólares sin generar empleo ni producción, un proceso que recuerda las prácticas de valorización financiera de la última dictadura cívico-militar, profundizada en la década de 1990.
Cuando Sturzenegger defiende el modelo actual de Milei, desliza que tanto él como su colega Caputo creen que “Milei se anima a hacer lo que Macri no”. Sin embargo, es interesante observar que al libertario le bastó la mitad de su mandato para provocar una cantidad similar de cierres de empresas y pérdidas de empleos registrados en comparación con las políticas de Macri.
Sturzenegger también destacó que el presente gobierno ha puesto la economía en un sendero de crecimiento tras 12 años de estancamiento y caída en el ingreso per cápita. En este sentido, indicó que Argentina experimentó un crecimiento del 6,7% en el primer año de Milei y del 3,5% en el segundo, y que se espera un aumento del 2,7% este año y del 3% el próximo, según las proyecciones del REM. Si bien reconoció que este crecimiento es dispar, consideró que hay motivos para celebrarlo.
Sin embargo, remarcó que los sectores primarios y extractivistas generan sólo el 10% del empleo registrado, y a pesar de su crecimiento, en lugar de generar empleos, en muchos casos están destruyendo puestos laborales, como está sucediendo actualmente con la minería, el petróleo y ciertas actividades de intermediación financiera.
Sturzenegger aplaude la idea de que la economía está encadenada, algo que el mismo Milei parece no comprender del todo cuando afirma que “destruir la industria solo eliminaría el 20% de los empleos”. Pese a que eventualmente estos sectores podrían generar actividad en la construcción, comercio y otros servicios, los sectores que realmente generan empleo en masa, como la industria, el comercio y la construcción, quienes hasta ahora también han postulado como perdedores de este modelo, son responsables de casi el 50% del empleo registrado y la mitad del PIB nacional.
En cuanto a la generación de empleo, Sturzenegger celebró que en el mandato de Milei se crearon 500.000 puestos de trabajo. Atribuyó parte de este fenómeno a la ampliación del monotributo, que fue aprobada por el Congreso bajo la Ley Bases, permitiendo a muchas personas migrar a esta modalidad más flexible y con menos carga tributaria. A pesar de que la actual modalidad de monotributo data de 2012, Sturzenegger la presenta como un reflejo de la respuesta del mercado hacia modelos laborales más flexibles.
Sin embargo, el ministro contradice la afirmación de que la flexibilización laboral tiene como objetivo generar más empleo formal, sugiriendo que está destinada a facilitar las relaciones de dependencia encubierta. Esta modalidad de trabajo implica la pérdida de garantías laborales como aguinaldo, horas extras, vacaciones pagas, y permite una alta inestabilidad laboral, donde los trabajadores pueden ser despedidos sin previo aviso. Actualmente, la prestación por desempleo se limita a un monto que no supera los $352.000.
Sturzenegger argumenta que los salarios de los monotributistas no presentan mucha diferencia con los de los asalariados, justificando así la precarización laboral. A su entender, esta situación es un reflejo de la política del gobierno, que utiliza los salarios como parte fundamental de su ajuste. De hecho, Caputo informó a los empresarios que no autorizarán paritarias que superen el 2% mensual, lo que sugiere un tono marcadamente restrictivo.
Desde noviembre de 2023, se estiman pérdidas de 337 mil empleos registrados, un dato relevante, pues no se puede resumir a que 337 mil personas han quedado sin trabajo, ya que ese número representa un saldo neto entre nuevos ingresos al mercado y aquellos que están abandonando el mercado formal de trabajo. Del mismo modo, más de 30 mil empresas han cerrado, una problemática que Sturzenegger y el Gobierno tienden a minimizar al indicar que muchas de estas empresas tenían solo uno o dos empleados.
El Coloso también mencionó que los trabajadores informales han visto un aumento significativo en sus remuneraciones reales, afirmando que son un 64% más altos que el promedio del 2023. Sin embargo, resulta poco serio suponer que todos los trabajadores informales han conseguido un aumento real por esa magnitud. Este elevado porcentaje, sin lugar a dudas, parecería representar una verdadera revolución salarial.
A fines de 2024, el INDEC aplicó un cambio metodológico importante en la medición de la pobreza. En sus relevamientos comenzó a captar de manera más eficiente ingresos que no necesariamente derivan de salarios, como la Asignación Universal por Hijo, la Tarjeta Alimentar o el Potenciar Trabajo. Esto, además de contribuir a una caída exagerada de los índices de pobreza, sería la razón detrás del incremento de los ingresos no ligados a actividades laborales. Aunque no es incorrecto considerar estas ayudas, hasta diciembre de 2023, el cuestionario no era tan completo y omitía ciertos ingresos. Si se hubiera relevado de la misma manera en ambos periodos, la pobreza durante la gestión de Alberto Fernández también podría haber mostrado una baja.
Aunque las cuestiones metodológicas son pertinentes, los efectos de la baja en el consumo y la estabilidad cambiaria relativa—con un dólar que se incrementó por debajo de la inflación—han causado que el costo de la canasta alimentaria aumente menos que el promedio general. En consecuencia, si un mayor número de personas puede acceder a la canasta básica, resulta lógico que la pobreza se reduzca.
No obstante, el ingreso disponible es considerablemente inferior una vez descontadas las tarifas y los costos de servicios, incluidos luz, gas, agua, prepagas, telefonía e internet, que han crecido a un ritmo muy por encima de la inflación.
“Veníamos de 4 años con sueldos al nivel de países africanos”, enfatizó Sturzenegger, haciendo referencia a los bajos niveles de poder adquisitivo de los salarios durante la presidencia de Alberto Fernández, los cuales como la mayoría de las jubilaciones, no han podido combatir la inflación. En este contexto, incluso el Salario Mínimo Vital y Móvil se devaluó un 16%.
Sin embargo, a pesar de que bajo el gobierno de Milei se observó una significativa caída de los salarios registrados, tanto en el sector público como privado (fue superior al 40% respecto de finales de 2023), esta situación se manifiesta en la reducción del consumo masivo. La tasa de informalidad aumentó al 44%, y el desempleo escaló del 5,7% al 7,8%, mientras que el mercado laboral continúa precarizándose con la llegada de la economía de plataformas.
En su columna, Sturzenegger también se planteó la cuestión sobre la sostenibilidad externa de la economía. Apreció el “boom de exportaciones” en sectores primarios, energía y minería, que, según él, son atribuibles al programa de desregulación que modificó la matriz de costos de la economía.
“Pero no vino por arte de magia”, señaló. Afirmó que la eliminación del barril criollo, “el cáncer con el que se había destruido al sector energético”, fue un paso positivo. A pesar de reconocer que las exportaciones están creciendo, es importante destacar que cargarlas únicamente en la cuenta de Milei no es justo. Las inversiones en minería y energía requieren relativamente largos y complejos procesos técnicos y administrativos, que es imposible considerar que todo comenzó el 10 de diciembre de 2023, ya que el desarrollo de Vaca Muerta, por ejemplo, inicia en 2012 con la estatización de YPF en el segundo mandato de Cristina Kirchner.
Sin embargo, se debe considerar que los pagos de deuda externa, los viajes al exterior, las compras de divisas por parte de los ahorristas (que superan los 44 mil millones de dólares desde la flexibilización del cepo en abril de 2025), así como las compras por productos puerta a puerta, están despojando ese superávit comercial.
Por otro lado, los vencimientos de deuda más desafiantes comienzan el próximo año: entre 2027 y 2029 Argentina debe abonar alrededor de 60 mil millones de dólares. Desde su llegada al poder, Milei ha impulsado dos blanqueos, ha solicitado más fondos al FMI (hasta ahora han ingresado 16 mil millones de dólares) y, a pesar de ello, ha requerido un inédito rescate del Tesoro de Estados Unidos en medio de una corrida cambiaria ocurrida en septiembre de 2025, previo a las elecciones legislativas nacionales.
De cara al próximo año, surgen interrogantes sobre cómo el Gobierno abordará esos inminentes pagos, especialmente los 10 mil millones de dólares que aseguran obtener comprando reservas y contraviniendo deuda con organismos internacionales. Afirmar que Milei no se está enfrentando—ni tiene el riesgo de enfrentarse—al histórico problema de la restricción externa en Argentina es, sin lugar a dudas, una falacia.






