“Dentro de mí soy un jugador eterno. Me ha costado el retiro porque no hay nada que te llene como estar dentro de una cancha”, compartió en una profunda conversación con Leo Montero en el programa Random. Durante este diálogo, Silva, máximo anotador uruguayo en la historia del fútbol argentino, revisó los altibajos de una carrera marcada por la resiliencia, alta exigencia y las luchas invisibles que enfrentó fuera del campo.
Uno de los episodios más difíciles en la carrera de Silva ocurrió hacia el final de su trayectoria, cuando una sanción por doping, relacionada con un tratamiento de fertilidad, interrumpió su carrera de forma abrupta. En lugar de rendirse, el “Tanque” optó por convertir esa injusticia en una fuente de motivación.
“En el medio del camino me sucede lo del doping y eso me dio muchas más fuerzas. Estuve parado casi dos años sin poder jugar y logré algo que me reforzó la cabeza. Pude ser muy resiliente y ganarle un poco al sistema, demostrándome a mí mismo y a mi familia que podía volver. Me tocó ponerle muchísimos huevos a la vida. Hay una frase que aplica perfecto: lo que no te mata, te fortalece”.
Al evaluar la injusticia de aquel caso de doping, que surgió de su deseo de ser padre, el uruguayo no dudó: “Un 10. No hay más números, si no diría más. Fue un error en un tratamiento con testosterona y me tocó pelear contra un sistema, encontrándome en muchos lugares oscuros. Pero sabía desde el primer momento que iba a volver”.
Aunque ha tenido un paso exitoso por Banfield, Vélez y Lanús, Silva reconoce que su conexión actual más fuerte es con Boca Juniors, principalmente por la relevancia del club y su experiencia en 2012. Sin embargo, su llegada al Xeneize también significó lidiar con una presión particular: llenar el vacío que dejó Martín Palermo, uno de los ídolos más grandes de la historia de la institución.
“Ponerse esa mochila costó. Reemplazar a Martín Palermo, era una tarea difícil… yo diría que imposible. Dejó una vara extremadamente alta. Al principio me costó porque estuve cuatro o cinco partidos sin poder convertir. Pero el hincha de Boca veía mis ganas de querer salir de ese momento, dejando todo, generando espacios y dando asistencias hasta que el gol contra Estudiantes en La Plata finalmente entró”.
Desde su perspectiva, la vida del delantero implica un constante vaivén emocional, acentuado hoy en día por la presión de las redes sociales: “Cuando hacés goles valés millones; cuando estás seco es un sufrimiento. Por eso el privilegio de convertir y culminar la jugada es algo único que no todos pueden explicar”.
El ámbito futbolístico a menudo se ve envuelto en críticas y quejas, pero el “Tanque” tiene una visión clara que distingue las demandas de su profesión de la realidad de los trabajadores comunes. “Yo no me olvido de que soy un privilegiado: gano dinero y me tratan bien. Cuando el jugador de fútbol habla de ‘sacrificio’, hay una discusión muy fina. El sacrificio de verdad es levantarse a las dos de la madrugada o dormir tres horas para ir a trabajar y llevarle la comida a tu hijo. Nosotros pasamos adversidades desde muy jóvenes para intentar ser alguien en el fútbol, como las pasa el laburante que va a tomar el tren. Son sacrificios diferentes. Nosotros estamos expuestos en una cancha como la Bombonera o el Monumental y hay que asumir esa responsabilidad, salgan las cosas bien o mal”.
Con un estilo imponente en el campo, caracterizado por su cabeza rapada y su físico robusto, Silva reveló que su apariencia se debe a una calvicie prematura a los 14 años, añadiendo que tras esa imagen dura, existe una persona con un lado más suave. “¿Un osito de peluche? No sé si tanto, pero mis dos hijas me pueden por completo. Además, tengo un lado romántico que muchos excompañeros no pueden creer. Me gusta mucho Ricardo Arjona, escuchaba a Ricardo Montaner de pibe y me encantan los lentos de los 80. Soy súper atento, regalo flores para los cumpleaños y los Días de la Madre”.
Esta sensibilidad también se manifiesta en su amor por el cine. Silva admitió que las películas emotivas lo conmueven: “Soy muy emocional. Me gustan las películas dramáticas o basadas en hechos verídicos. Gladiador la vi diez veces, o historias como El niño con el pijama de rayas… son relatos que me impactan”.
Para concluir, compartió una reflexión sincera sobre su percepción del miedo a la muerte, desnudando su vulnerabilidad: “Le tengo un 10 de miedo a la muerte. Yo quiero ser eterno, dame la chance de vivir para siempre. Quiero seguir peleando por estar, por vivir y disfrutar. Daría cualquier cosa por seguir jugando al fútbol. Estuvimos acostumbrados muchísimo tiempo a este deporte. A mi manera, con los golpes y las frustraciones, todo lo vivido me fascinó y quiero seguir estirándolo.






