El actor, figura prominente y querido del cine argentino, fue rápidamente trasladado al Hospital Fernández. Durante tres días luchó por su vida, pero el 18 de mayo falleció a los 59 años. Su deceso, inesperado para el público y devastador para sus seres queridos, se transformó en uno de los episodios más impactantes de la cultura argentina.
La noticia fue difícil de procesar. De Grazia había brindado risas a generaciones enteras a través de la pantalla. Con sus gestos singulares, mirada melancólica y una voz que podía cambiar del grotesco a la ternura en un instante, consolidó su lugar en la memoria popular como Mojarrita, parte fundamental de las películas de Los Superagentes, junto a Ricardo Bauleo y Víctor Bó. Además, interpretó a Jorge Musicardi en “Esperando la carroza”, la icónica película de Alejandro Doria que se convirtió en un fenómeno cultural, donde compartió elenco con Antonio Gasalla, China Zorrilla, Luis Brandoni, Betiana Blum y Juan Manuel Tenuta, entre otros grandes del cine nacional.
Detrás de esa imagen pública, sin embargo, se encontraba un hombre profundamente sensible y introspectivo, que lidiaba con intensos episodios de depresión que pocos conocían a fondo.
Nacido el 14 de julio de 1929 en Buenos Aires, Julio De Grazia creció en un hogar donde el arte formaba parte integral de la vida cotidiana. Su hermano Alfonso también se destacó como actor, pero fue Julio quien encontró en la actuación su verdadera vocación. Se graduó del Conservatorio Nacional de Arte Dramático en 1953, comenzando de inmediato a hacerse un nombre en el teatro independiente y oficial, trabajando con prestigiosos directores y formando parte de elencos que definieron una época.
Nunca se consideró una estrella. Al contrario, solía repetir una frase que reflejaba su filosofía sobre la actuación: “Soy un peón del teatro”. Esta humildad era uno de los rasgos más valorados por quienes trabajaron con él. Para De Grazia, la actuación no derivaba del divismo, sino de una labor artesanal. Observaba atentamente a las personas, sus silencios, movimientos y luchas cotidianas, para construir personajes con una profunda humanidad.
Esta capacidad interpretativa lo posicionó como uno de los actores más versátiles de su época, moviéndose con fluidez entre la comedia popular, el drama político, el policial negro y el grotesco criollo. A lo largo de su carrera, participó en más de sesenta películas.






