Sergio Massa entró al salón del Hotel Alvear con ese halo de suficiencia que lo caracteriza. Era jueves al mediodía y más de 300 empresarios que integran el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp) esperaban escucharlo. Sin embargo, el ministro se tomó largos minutos para saludar uno por uno a todos los presentes, sonreírles y hacerles esas preguntas de cortesía que permiten exhibir empatía. Algo similar hizo al día siguiente, cuando recorrió la planta de Peugeot en El Palomar. Estrechó manos y abrazos hasta con el último de los operarios, preguntó con datos técnicos todos los detalles de la producción de autos y adelantó un anuncio para el sector que tenía previsto hacer días después: la baja de retenciones para la exportación incremental de vehículos y autopartes. Un empresario que lo vio en estas funciones concluyó sin dudar: “Está 100 por 100 en modo candidato”. Algunos todavía recordaban cuando en Bali, tras la indisposición del Presidente, se dispuso a reemplazarlo en la lectura del discurso ante el G-20, hasta que le avisaron que por protocolo le correspondía al canciller. Massa repite que no piensa en las elecciones de 2023 pero mandó a medir cómo había impactado la gestión en su imagen y se entusiasmó al ver una mínima reducción de la percepción negativa, el obstáculo principal para su inconfesable aspiración presidencial.
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Nº Edición: 15






