Ese individuo es Aleksander Ceferin, abogado esloveno y presidente de la UEFA, quien además posee un cinturón negro de karate. Ceferin ha cruzado el Desierto del Sahara en varias ocasiones tanto en auto como en moto, y participó en la corta guerra por la independencia de su país en 1991. Conoce bien el estadio de River, donde ha jugado partidos informales junto a leyendas del fútbol y Marcelo Gallardo durante la presidencia de Rodolfo D’Onofrio y cuando Di Carlo desempeñaba funciones de secretario general y vicepresidente.
El fútbol representa para Ceferin un momento de esparcimiento semanal con amigos eslovenos, quienes, admite, le brindan más asistencias ahora que ha alcanzado más poder. Es poco probable que no participe en el partido completo. En contraposición, Alejandro Domínguez y Tapia no siempre comparten esa misma experiencia; ambos han participado en encuentros informales con dirigentes y exfutbolistas de la UEFA y la CONMEBOL, y algunos testigos han observado a Ceferin anotando goles al combinado sudamericano. Era inevitable concederle un tanto al jefe de la UEFA, mientras otros directivos pedían su cambio.
Aunque ha pasado algún tiempo desde estos encuentros, lo cierto es que todos los involucrados se conocen bien.
Tapia ofrece su apoyo incondicional a Infantino, mientras que Domínguez se enfrenta a desafíos constantes. Ceferin, en cambio, busca desbancar al máximo dirigente del fútbol.
Ceferin, que debería ser hincha de Boca —recordemos que un esloveno, Viktor Sulčič, diseñó La Bombonera—, explica su preferencia por River debido a buenas experiencias: “Conocí al presidente de River Plate y es un caballero, muy agradable; jugamos al fútbol contra su entrenador y su equipo. Por eso, si me preguntan qué equipo prefiero en Argentina, mi respuesta es River Plate”.
Ceferin, que se caracteriza por frases contundentes y un estilo a veces demasiado seco, inició su “inmersión argentina” durante un partido amistoso de la Selección contra Eslovenia previo al Mundial de Brasil 2014. En ese entonces, presidía la federación de su país, lo que le facilitó establecer lazos y amistades en la comunidad eslovena en Argentina.
A pesar de no ser hincha de Boca y de tener una visión crítica hacia el ‘populismo’, Ceferin sostiene: “El poder en el fútbol, o en cualquier otro ámbito, y los megalómanos forman una combinación mortal. No tengo a nadie concreto en mente, esto ocurre en todo el mundo. El populismo es arriesgado”.
Al mencionar que “no tengo a nadie concreto en mente”, una leve sonrisa irónica ilumina su rostro. Cuando ascendió a la presidencia de la UEFA hace una década, percibía alrededor de un millón y medio de dólares anuales; hoy, su salario ha más que duplicado, además de recibir una cifra aún no precisada como vicepresidente de la FIFA.
Ceferin ha manifestado desde siempre su desagrado por Infantino, no comprende su carácter histriónico ni su ambición, y no coincide con sus muchas iniciativas, que van desde la creación de un Mundial de Clubes hasta la proyección de ampliar el número de participantes en la Copa del Mundo, incluyendo la venta de parte del Mundial a inversores privados.
Durante años, se especuló sobre la aspiración de Ceferin de alcanzar la presidencia de la FIFA; sin embargo, a pesar de que Infantino parece más vulnerable que nunca, el esloveno ha declarado de manera pública que renuncia a esa posibilidad.
“No me interesa por dos razones. La primera es que me encanta la UEFA y disfruto trabajando aquí; creo que, llegado un momento, también es necesario disfrutar de la vida”, expresó el esloveno de 58 años en un podcast.
“La segunda razón es que mi credibilidad es mucho más fuerte si no estoy interesado en el cargo”, añadió, mostrando la lógica de un abogado experimentado en los laberintos del poder.
La pregunta que persiste es si Infantino caerá después de diez años al mando del fútbol. Ceferin sostiene que es probable, y describe lo que podría suceder: “Una opción es que se dé cuenta de que no cuenta con el apoyo necesario, no solo el político de quienes votan, sino el apoyo de la comunidad futbolística, de los aficionados, los jugadores, los exjugadores y los entrenadores. La segunda opción es que se presente a las elecciones de marzo, pero, si eso ocurre, creo que tendrá un rival”.
Ceferin se muestra sorprendido por la existencia de 30 equipos en la Primera División del fútbol argentino, señalando que, en su opinión, más de 20 es excesivo. Además, expresó su asombro ante comentarios de Domínguez acerca de que la Copa Libertadores representa “el fútbol de verdad” en contraposición al “PlayStation” de la Champions League. Sobre esto, afirmando: “Me parece bastante atrevido”.
Hoy, su momento parece haber llegado: no pretende convertirse en presidente de la FIFA, pero busca que se produzca un cambio significativo en la organización, al igual que realizó en la UEFA, donde asumió el cargo y se encontró con propuestas sorprendentes. Recuerda una reunión en la que alguien cuestionó la falta de transparencia: “Imagínate la pregunta. Y en esa misma reunión, cuando planteé la limitación de mandatos, otro dijo: ‘pero presidente, ¿por qué limitarse? ¡Podría estar en el cargo por 30 años!’. Claro, respondí, ¡pero no quiero estar en el cargo por 30 años!!”.






