El sistema financiero argentino enfrenta un escenario de alta vulnerabilidad, caracterizado por un incremento acelerado en los niveles de mora. Según informes recientes, 5,8 millones de personas presentan atrasos superiores a los 90 días en sus obligaciones financieras. Esta cifra representa el 28% de los 20,7 millones de argentinos que acceden al crédito formal, ya sea mediante entidades bancarias o prestamistas no financieros. El deterioro se ha manifestado de manera sostenida en los últimos dos años, duplicando prácticamente la cantidad de personas en situación de mora desde julio de 2024.
El mapa de la morosidad exhibe una marcada disparidad geográfica, con el Norte argentino concentrando las tasas de incumplimiento más elevadas, superando el 30% en provincias como Catamarca, Santiago del Estero, Salta, Corrientes, Formosa, Misiones, Chaco y Tucumán.
Factores estructurales: Economistas de la Fundación Mediterránea señalan que esta región sufre una combinación adversa: ingresos medios inferiores a la media nacional y una inflación regional (del orden del 36,5% en el Noreste y 33,8% en el Noroeste) que supera la inflación nacional.
Informalidad: La alta tasa de informalidad laboral impide la consolidación de ingresos estables, dificultando el cumplimiento de compromisos financieros.
Desventaja competitiva: Al mantener las mismas tasas de interés bancarias que el resto del país sin los mismos niveles de ingresos ni historial crediticio, los residentes del Norte quedan en una posición de clara desventaja económica.
El segmento etario de 18 a 29 años se consolida como el grupo más afectado por la crisis, alcanzando una tasa de incumplimiento cercana al 40% entre quienes tienen acceso a financiamiento.
Acceso limitado: Apenas el 40% de este grupo accede al crédito formal. Ante esta limitación, muchos recurren a entidades no financieras (fintechs, financieras de consumo), que suelen aplicar tasas de interés más altas y condiciones menos favorables.
Efecto de “puente”: Analistas de Equilibra explican que, ante la pérdida de ingresos reales en 2024, el crédito funcionó inicialmente como un alivio para sostener el consumo; sin embargo, la falta de capacidad de pago posterior derivó en la mora actual.
Impacto en la demanda: Este fenómeno no solo afecta a los individuos, sino que restringe el consumo agregado y dificulta la recuperación de la demanda interna, al excluir a una parte importante de la fuerza laboral del circuito crediticio sano.
La proliferación de billeteras virtuales y el otorgamiento de préstamos sin estudios rigurosos de solvencia han facilitado un endeudamiento que, en muchos casos, no se traduce en capacidad de repago. Mientras las provincias del Centro y la Patagonia presentan indicadores más saludables y una mayor penetración del crédito formal, el Norte argentino y los jóvenes requieren medidas específicas de educación financiera y condiciones de acceso que no agraven su situación de insolvencia. La resolución de este problema de mora es fundamental para estabilizar el consumo de los hogares y devolverles el acceso a un financiamiento sostenible.






