Desde la llegada de la selección argentina a Miami, el clima ha sido implacable: calor, pesadez y alta humedad. Las lluvias son intermitentes y, al salir el sol, se genera una atmósfera densa que se siente intensamente a las afueras del estadio, donde escasean los árboles y abunda el cemento, que atrapa y emite calor al entorno.
El encuentro entre Argentina y Cabo Verde comenzará a las 18 horas en Miami (19 horas en Argentina), con una temperatura máxima proyectada de 32.7 grados Celsius (91°F). Esto contrasta notablemente con los 27 grados Celsius (81°F) del primer partido ante Argelia en Kansas City, otro estadio al aire libre, y dista de las condiciones estables que encontró el equipo en Dallas para los enfrentamientos contra Austria y Jordania, donde el recinto contaba con refrigeración.
Este tema es motivo de preocupación para el director técnico, quien había expresado tras el partido frente a Jordania su descontento con el horario del encuentro contra Cabo Verde. En la sala de prensa del estadio, Scaloni enfatizó: “Se podría haber jugado a la noche, como en la final de la Copa América. Los escenarios son los que son y las condiciones serán las mismas para ambos equipos, pero si hace calor, el que pierde es el espectáculo.” En la misma jornada, Colombia y Ghana se enfrentarán en Kansas City, otro estadio sin refrigeración.
El partido entre Argentina y Cabo Verde no será el más caluroso del Mundial, aunque la elevada humedad de Miami podría hacerlo especialmente exigente. Durante el juego, se espera una humedad cercana al 80%. Antes del inicio del torneo, organismos habían advertido sobre el estrés térmico, que afecta a los jugadores por la combinación de temperatura, humedad, sol, viento y calor irradiado. El pasado sábado, España y Uruguay jugaron en Guadalajara en condiciones similares, y el desgaste físico de los futbolistas y la fatiga de los aficionados en las gradas fueron patentes, convirtiéndolo en uno de los encuentros más exigentes del campeonato. Se ha mencionado que los encuentros disputados con temperaturas superiores a 28°C deberían ser reprogramados, pero desde el inicio del Mundial, no se han vuelto a hacer pronunciamientos al respecto. Este torneo tiene la posibilidad de convertirse en el más caluroso registrado en la historia.
Para un equipo como Argentina, que se caracteriza por su presión constante y ritmo en ataque, el estrés térmico puede jugar en contra frente a un rival que probablemente optará por una estrategia defensiva. Scaloni ha dejado claro que, aunque esto no es una excusa y no influirá directamente en el resultado, preferiría evitar circunstancias como estas. Esto es especialmente relevante en las rondas eliminatorias, donde los nervios aumentan y las posibilidades de lesiones son mayores en momentos críticos del torneo.
Por esta razón, el director técnico dispuso un día de descanso total tras la victoria sobre Jordania, sin actividades físicas en el gimnasio, para permitir una adecuada recuperación tras las tensiones y prepararse para la ola de calor que afecta a gran parte de Estados Unidos.
Desde FIFA se sostiene que la organización tomó precauciones antes del evento, citando las pausas para hidratación —aunque criticadas por interrumpir el flujo del juego—, implementadas por las condiciones climáticas del verano estadounidense, además de ofrecer oportunidades de publicidad durante un evento de relevancia mundial.
El trayecto de Argentina hacia la final incluye escalas en Atlanta, Kansas City y Nueva Jersey. De estas sedes, solo Atlanta cuenta con refrigeración, lo que convierte al calor en un obstáculo adicional para los equipos, especialmente para aquellos como Argentina, que buscan no solo el triunfo, sino también un espectáculo de calidad.






