El interés no se limita a la compra de gas argentino; Santiago visualiza una estrategia que permita la utilización de sus puertos para agregar valor a los hidrocarburos y exportar esa producción a terceros mercados. Uriarte también destacó el potencial minero chileno y cómo podría contribuir al desarrollo del lado argentino de los Andes, especialmente tras los cambios en la Ley de Glaciares, bajo la cual Argentina extrae apenas una fracción de lo que se procesa en su país.
Durante una presentación ante el Rotary Club en el Hotel Libertador, el embajador tocó diversos temas de la agenda bilateral, haciendo hincapié en energía, minería, inversión e infraestructura fronteriza. Compartió su experiencia de vuelo sobre Vaca Muerta, su visita a YPF y el viaje del canciller chileno al desarrollo energético argentino, subrayando la obviedad de la complementariedad económica: Argentina posee recursos energéticos y Chile cuenta con la infraestructura portuaria necesaria para facilitar su exportación.
El concepto central de su intervención fue la integración. Sostuvo que el excedente de gas argentino debería ser canalizado hacia Chile, sugiriendo incluso su transformación en gas natural licuado (GNL) para exportarlo desde terminales chilenas. Asimismo, mencionó que el excedente eléctrico en el norte chileno podría ser muy útil para ciertas regiones argentinas.
Uriarte amplió su propuesta mencionando diferentes instalaciones portuarias en su país que podrían formar parte de esta colaboración. La idea es que Argentina envíe su energía, mientras que Chile aporte infraestructura y acceso al océano Pacífico, facilitando así una asociación que eleve la competitividad del Cono Sur en mercados internacionales.
Esta estrategia no se limita a Vaca Muerta, ya que el embajador considera que el mismo principio de complementariedad puede aplicarse a la minería y a otras cadenas productivas, mediante el desarrollo de corredores, pasos fronterizos y una infraestructura común que minimice los costos logísticos. Ejemplificó con las conexiones férreas de bajo perfil de los países nórdicos y las rutas a través de los fiordos.
Uriarte también mencionó las dificultades que enfrenta el tránsito actual. Resaltó los problemas que afectan el flujo de camiones en la frontera, los inconvenientes causados por cierres por nieve y la urgente necesidad de nuevas obras que mejoren los pasos existentes. Además, enfatizó la importancia de modernizar los controles aduaneros, implementando tecnologías como sistemas biométricos, códigos QR e indicadores que midan los tiempos de cruce, con el objetivo de disminuir tanto el tiempo como los costos logísticos resultantes de pasos cerrados.
No obstante, mejorar la infraestructura es solo una parte de la solución. El embajador subrayó que la seguridad jurídica es fundamental para consolidar esta nueva etapa. Definió la seguridad como la garantía de que los acuerdos se cumplan efectivamente. Según sus palabras, el mundo empresarial depende de la confianza y la buena fe, y la posibilidad de incumplimientos afecta directamente las decisiones de inversión.
Este punto cobra relevancia en el contexto de la relación bilateral, dado el precedente de las interrupciones en el suministro de gas argentino hacia Chile. Uriarte recordó el impacto que tuvo esa experiencia en su país, aunque también destacó que los actores económicos lograron recuperar la confianza posteriormente. De hecho, mencionó ese episodio al exigir certeza jurídica para poder reintegrar el intercambio gasífero sin temor a repetir antiguas experiencias.
Este nuevo contexto también comienza a reflejarse en las decisiones de inversión. El embajador reconoció que actualmente existe un desequilibrio entre las inversiones chilenas en Argentina y las inversiones argentinas en Chile, pero aseguró que las condiciones están cambiando. Indicó que los inversores chilenos, que en años anteriores habían dirigido su capital a mercados como Perú y Brasil, ahora miran a Argentina con renovado interés, presentando esto como una señal de recuperación de la confianza.
La integración propuesta traería beneficios tangibles para ambos lados de la Cordillera, incluyendo energía más accesible para los consumidores chilenos, un incremento en el comercio y la creación de empleo y nuevos polos productivos en Argentina, particularmente en provincias como Neuquén, Mendoza, San Juan, Salta y Jujuy.
No obstante, esta agenda económica está marcada por dos cuestiones de soberanía que ambos gobiernos han dejado bien claras: las Islas Malvinas y el Estrecho de Magallanes. Este tema formó parte de las conversaciones entre Milei y Kast cuando se reunieron la semana pasada. Uriarte enfatizó que ambos gobiernos han reafirmado la vigencia del Tratado de Límites de 1881 y del Tratado de Paz y Amistad de 1984, que establece la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes.
Al mismo tiempo, Chile reitera su apoyo a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes, subrayando la necesidad de que Buenos Aires y Londres retomen negociaciones para alcanzar una solución pacífica y definitiva conforme a las resoluciones de las Naciones Unidas.
Uriarte sostuvo que despejar estas cuestiones es esencial para avanzar en el resto de la agenda y explica que, una vez reconocidas las sensibilidades de cada país y establecidas las líneas rojas, ambos gobiernos pueden enfocarse en generar valor de manera conjunta. Resumió su discurso planteando que la Cordillera debería ser vista no solo como una frontera, sino como una plataforma de oportunidades, con el objetivo de que esta integración perdure más allá de las administraciones actuales.






