La “fase 4” del plan monetario se ha implementado de manera parcial. Desde el inicio del año, el Banco Central ha adquirido aproximadamente USD 3.300 millones; sin embargo, los pesos generados para estas transacciones fueron posteriormente absorbidos. En este sentido, el Tesoro ha llevado a cabo licitaciones de bonos desde principios de año, donde se ha encargado de absorber esa emisión monetaria.
El Gobierno ha optado por una estrategia cautelosa, manteniendo un enfoque contractivo con la intención de solidificar el proceso de desinflación. Aunque el comportamiento nominal muestra mayor estabilidad, al ajustarse por inflación se evidencia una disminución en el dinero disponible en la economía.
Durante febrero, la base monetaria experimentó una caída cercana al 1% en términos reales, lo que contrarrestó la leve recuperación observada en enero. En ese mes, el agregado había mostrado un ligero aumento, en parte atribuido a la compra de divisas por parte del Banco Central. No obstante, esta tendencia resultó efímera: en febrero, se reintegró la absorción de pesos, tanto por causas fiscales como financieras.
Hacia mediados de marzo, el total de la base monetaria se situaba en aproximadamente $39,5 billones. Aunque este monto es elevado desde una perspectiva nominal, sigue siendo insuficiente en comparación con el tamaño de la economía.
En los últimos días, diversos analistas han señalado que el proceso de remonetización podría haber iniciado de forma tímida. Destacan que los pesos emitidos para la significativa compra de dólares por parte del Banco Central en días recientes no fueron esterilizados.
La estrategia oficial busca mantener un delicado equilibrio: evitar una expansión abrupta del dinero que pueda agravar la inflación, sin restringir completamente la actividad económica. En este contexto, la contracción real de la base monetaria se considera un elemento clave del programa económico.
De cara al futuro, el Gobierno planea implementar una remonetización gradual, siempre que se consolide la disminución de la inflación y aumente la demanda de dinero. El objetivo implícito es que la base monetaria recupere un peso relativo dentro de la economía, sin renunciar a la disciplina que caracteriza la fase actual.
Por el momento, los datos del comienzo de 2026 reflejan una continuación del enfoque restrictivo: reducción de pesos en términos reales, control en la emisión y una estrategia centrada en estabilizar las variables macroeconómicas.
La evolución de la inflación será determinante para que el Gobierno considere avanzar en el proceso de remonetización. Se anticipa que el dato de marzo podría superar el 3 por ciento, pero a partir de abril, se podría empezar a observar una desaceleración, según las proyecciones de analistas.





