Con la llegada de octubre, muchas personas comienzan a indagar sobre la celebración de Halloween, o “Noche de Brujas”, un día que despierta la creatividad y emoción, especialmente entre los más pequeños, quienes se lanzan a la búsqueda de caramelos acompañados de la famosa frase “Dulce o truco”. Este año, al igual que en ocasiones anteriores, Halloween se festejará el 31 de octubre, que coincide con un sábado. Esta festividad, que resalta lo sobrenatural, es ampliamente celebrada en gran parte del mundo occidental y se caracteriza por la atracción hacia lo tenebroso y las criaturas aterradoras. Además, este día se considera la víspera del Día de Todos los Santos, que se conmemora el 1° de noviembre, y es el previo a las celebraciones del Día de los Muertos, el 2 de noviembre, una festividad muy arraigada en América Central y México, donde se rinde homenaje a los seres queridos que han partido, celebrando a su vez la vida. El origen de Halloween se remonta a los inmigrantes irlandeses que llevaron esta tradición a Estados Unidos, donde la festividad adquirió popularidad. Estos inmigrantes celebraban el “All Hallow’s Eve” (víspera de las reliquias), el día antes del Día de Todos los Santos establecido por el Papa Gregorio III en el siglo VIII, dedicado a los mártires y a los santos no canonizados que, según la tradición católica, habitan el paraíso. Esta conexión con los difuntos se traduce en la inquietante atmósfera de Halloween, cuya raíz también se asocia a una antigua celebración celta llamada Samhain, que duraba tres días y iniciaba el 31 de octubre. Durante esta festividad, los druidas celebraban junto a su comunidad el final del verano y la llegada del frío otoñal en las Islas Británicas, especialmente en Irlanda. Así, los descendientes de estos celtas, los irlandeses, llevaron la versión católica a Estados Unidos, donde la relación con lo sobrenatural adquirió mayor relevancia que su significado religioso original, convirtiendo a Halloween en una celebración global, sin distinción de creencias. Se estima que, según una fuente consultada, es la festividad no religiosa más grande de los Estados Unidos, superando incluso a otras como el Día de los Enamorados y la Semana Santa en términos de ventas de golosinas, gracias a la tradición de los niños que recorren sus vecindarios disfrazados en busca de dulces.






