El estudio, realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Columbia Británica (UBC) en Vancouver, concluye que “el dinero puede comprar la felicidad”. Sin embargo, es fundamental decidir en qué se invierte, lo cual, a su vez, está influenciado por el lugar de residencia.
La doctora Elizabeth Dunn lideró la investigación, que evidenció que la felicidad asociada al gasto varía notablemente entre naciones de ingresos altos y aquellos con menores recursos. Entre las conclusiones, uno de los hallazgos más destacados fue que, independientemente de la región, la satisfacción que genera comprar se mantuvo en el tiempo y contribuyó a una sensación de bienestar general, incluso meses después de realizar la adquisición.
La doctora Säde Stenlund, coautora del estudio, indicó que “gastar en regalos y en servicios que ahorran tiempo, como la limpieza del hogar o la comida a domicilio, generó un mayor aumento en la felicidad entre los habitantes de países más ricos”. Por otro lado, saldar deudas y comprar vivienda se asoció a menos felicidad en estas naciones.
Este estudio es el más significativo realizado hasta la fecha sobre la relación entre el gasto y la felicidad en diferentes contextos culturales y económicos, financiado por donantes anónimos y la organización TED. Se examinó específicamente el impacto en la felicidad de una ganancia inesperada de 10.000 dólares, con la participación de 200 personas de siete países que realizaron 3.225 compras.
Los productos adquiridos incluyeron desde teléfonos inteligentes hasta inmuebles. Cada participante registró sus compras y calificó el nivel de felicidad que le generaban. Seis meses después, se volvió a evaluar su bienestar general.
Ciertas compras, como donaciones, experiencias y educación, incrementaron la felicidad de forma consistente, sin importar el país. Sin embargo, otros tipos de gasto tuvieron distintos impactos según la ubicación del participante. En naciones desarrolladas como Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido, se reportó mayor satisfacción al comprar regalos y contratar servicios que ahorran tiempo, mientras que en países con ingresos más bajos, como Kenia e Indonesia, se priorizó el gasto en necesidades básicas y estabilidad financiera.
Entre las principales diferencias observadas, el gasto en regalos resultó en altos niveles de felicidad a nivel global, aunque con un impacto emocional más profundo en las naciones ricas, donde saldar deudas se percibió como menos satisfactorio. Asimismo, los gastos que ahorran tiempo son más valorados en los países de altos ingresos, donde la falta de tiempo se convierte en una fuente de estrés.
En conclusión, los autores del estudio afirmaron que “lo que funciona en Nueva York podría no ser efectivo en Nairobi, por lo que es esencial adaptar los consejos financieros a los contextos culturales y económicos”. En definitiva, el dinero puede influir en la felicidad, pero su efectividad no solo depende de la cantidad disponible, sino de cómo y en qué se invierte, teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades específicas de cada persona.






