“Queremos ser el lugar más competitivo del mundo para desarrollarla, con el compromiso de no regular de manera preventiva”, destacó Milei frente a los líderes y representantes de naciones de todo el mundo. Esta afirmación, que repitió en dos ocasiones, resume la principal estrategia del gobierno argentino en un contexto global donde potencias como la Unión Europea están avanzando en la creación de marcos regulatorios progresivos para la tecnología.
El presidente enmarcó su defensa de la IA en un análisis histórico sobre los ciclos tecnológicos. Recordó que al inicio de la revolución industrial, la población mundial era de aproximadamente 800 millones y que, si el empleo se hubiera mantenido constante —como predecían los pesimistas de aquella época— la tasa de desempleo hoy superaría el 90%, dado que la población se ha multiplicado más de diez veces. Este argumento busca desestimar las preocupaciones sobre la posible pérdida masiva de empleos debido al avance de la IA.
“Allí donde muchos ven una amenaza, nosotros vemos una frontera”, dijo el presidente, haciendo referencia a Adam Smith para argumentar que la IA funcionará como un impulsor de la productividad, de la misma manera que la división del trabajo aumentó la capacidad productiva en la era industrial. El mandatario aseveró que los mercados crearán una demanda genuina para absorber este crecimiento, “sin la necesidad de déficits fiscales ni emisiones descontroladas de dinero”.
La crítica más contundente al rol regulador del Estado fue cuando Milei advirtió que “el Estado no es una entidad abstracta, sino hombres, funcionarios y burócratas”, y que otorgarles el control sobre la innovación es equivalente a permitir que unos pocos limiten lo que otros pueden crear. Ante esta lógica, sugirió un principio alternativo: “Ante la incertidumbre, determinación. Ante el miedo, coraje. Ante la decadencia, ambición. Ante la resignación, optimismo”.
En otro segmento de su discurso, Milei destacó la importancia de que sea Occidente quien lidere el desarrollo tecnológico, asegurando que esto debe garantizar la compatibilidad del proceso con valores como el respeto a la vida, la libertad, la propiedad privada y la dignidad humana. “Compartimos plenamente la visión del presidente Donald Trump”, afirmó, aludiendo a la postura de la administración estadounidense que rechaza regulaciones supranacionales para la IA.
El mandatario se presentó como un socio estratégico de Estados Unidos en esta carrera, ofreciendo recursos como minerales críticos, energía, talento humano y capacidad para competir “en cada eslabón de esa cadena de valor”. Esta alineación se extendió más allá del ámbito tecnológico. Milei reafirmó que Argentina se posiciona “sin ambigüedades con Occidente”, junto a Estados Unidos e Israel, países con los que, según indicó, comparte “una profunda afinidad de valores y una complementariedad estratégica”.
Además, ratificó su rechazo a los ataques del régimen iraní contra Israel y confirmó que la Argentina mantiene la declaración de organización terrorista sobre la Guardia Revolucionaria Iraní.
Antes de abordar su postura sobre la IA, Milei dedicó una parte considerable de su discurso a criticar al organismo multilateral, sosteniendo que la ONU “se ha convertido en una organización inútil que solo sirve para alimentar a una casta de parásitos fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bienintencionados”, citando al economista Ludwig von Mises para sostener que “las buenas personas no piensan en controlar la vida de sus semejantes”.
La mayor de las críticas se centró en la gestión de la pandemia. El presidente acusó a organismos vinculados a la ONU de haber promovido “políticas de encierro forzado que destruyeron empleos, arruinaron la educación de una generación de niños y le costaron la vida a millones de personas que fallecieron solas, sin atención médica básica”. Calificó esas acciones como “genocidio” y relacionó este juicio con la decisión de Argentina de retirarse de la Organización Mundial de la Salud. También destacó que el terror psicológico instaurado desde los gobiernos durante ese período “no fue un efecto secundario, fue la herramienta de gobierno elegida”.
Milei también cuestionó la Agenda 2030 y anticipó que la Agenda 2045 —que definió como una nueva versión del mismo modelo— “fracasará”. Incluyó en su crítica las regulaciones económicas impulsadas por el organismo, así como las agendas de género, el extremismo ambiental y las políticas de inmigración.
Un bloque específico de su intervención estuvo dedicado a la causa Malvinas, la cual calificó como “una muestra de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad que pretenden abordar”. Recordó que hace 50 años la Asamblea General aprobó la resolución 31/49, que instaba a las partes a evitar modificaciones unilaterales mientras la disputa permaneciera abierta, y observó que esa disposición no se ha cumplido en cinco décadas.
El mensaje más explícito se refirió al proyecto Sea Lion, que avanza en la extracción de petróleo en la plataforma continental argentina correspondiente a la cuenca Malvinas Norte mediante licencias otorgadas por el Reino Unido. “Toda actuación en este sentido no autorizada por la República Argentina constituye un acto ilícito”, afirmó Milei, citando específicamente la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El gobierno argentino ya ha enviado notas de desaliento, impuesto sanciones a empresas involucradas y presentado al Congreso un proyecto de ley para la defensa de la soberanía nacional.
Respecto al sector energético global, el presidente ofreció a Vaca Muerta como una oportunidad de inversión sin precedentes, pero estableció un límite: “No seremos indiferentes ante quienes exploten recursos bajo ocupación externa ilegal”. Rechazó también que el principio de libre determinación de los pueblos sea aplicable a los habitantes de las islas, y renovó el llamado al Reino Unido a reiniciar negociaciones bilaterales.
Para concluir su intervención, Milei lanzó un llamado directo a “los hombres y mujeres libres del mundo, a los científicos, a los emprendedores, a los creadores”. Les aseguró que en Argentina hallarían “una vasta tierra de campos fértiles, petróleo, minerales y talento humano”, y recurrió a la historia migratoria del país como testimonio de que es posible construir prosperidad desde cero.
“Durante un siglo intentamos casi todas las maneras de impedir nuestra propia grandeza”, enfatizó el presidente, señalando que la decadencia no es un destino, sino el resultado de decisiones políticas acumuladas. Con esta perspectiva histórica, presentó la gestión actual como un intento de alterar ese rumbo a partir del libre comercio, el desarrollo de recursos estratégicos, la reconstrucción del aparato militar y la alianza con Occidente.






