La reciente alza en el riesgo país no se debe a un solo factor. Este indicador ha subido 75 puntos en agosto, lo que representa un incremento del 17,4%, en un entorno de creciente incertidumbre política hacia las elecciones de 2027, sumado a un contexto internacional más estricto, donde la tasa del bono del Tesoro estadounidense a 30 años se posiciona por encima del 5%, su nivel más alto desde 2007. Según el director financiero de una entidad financiera, Nicolás Parreira, este conjunto de circunstancias locales y globales es fundamental para comprender por qué la duración larga en bonos ofrece un riesgo diferente al que se presentaba hace solo un mes.
Consultado sobre si el actual nivel de riesgo país justifica acortar la duración de la cartera o si es preferible esperar antes de cambiar de bonos largos a cortos, Parreira sugirió: “No rotaría toda la cartera de bonos largos a cortos después de la corrección. Parte del ajuste ya ocurrió y vender en este momento implicaría cristalizar pérdidas justo cuando los bonos comienzan a repuntar”.
Detalló que la recomendación de reducir la duración solo se aplicaría a ciertos inversores. “Sí cortaría la duración para un inversor conservador o para alguien que requiera liquidez a corto plazo, pero no como una estrategia general”, opinó.
Parreira destacó que los bonos largos todavía pueden resultar atractivos si se prevé una compresión del spread. “En los bonos largos hay un potencial significativo si el riesgo país se reduce a 450 o 400 puntos, ya que son los instrumentos que más reaccionan a una disminución del spread”, afirmó. Sin embargo, advirtió que “hoy, esa duración implica más riesgo que hace un mes” debido al entorno político y económico actual.
Al detallar a partir de qué nivel de riesgo país o tasa del Tesoro dejaría de considerar atractivos los bonos largos, afirmó que no existe un número fijo, sino que depende de la relación entre el riesgo argentino y la tasa libre de riesgo. Cuando el riesgo país oscila entre 500 y 530 puntos, indicó: “Aún veo valor en bonos largos para un inversor moderado o agresivo, porque una compresión hacia 450 o 400 puntos podría resultar en una recuperación significativa de precios”.
En caso de que el riesgo país se mantenga por encima de 550 a 600 puntos, Parreira manifestó que sería “bastante más cauteloso”, ya que en este escenario el mercado comenzaría a reflejar un deterioro más estructural de la percepción del crédito argentino. Desde el ámbito externo, señaló que está atento a la tasa del Treasury a 10 años, que se encuentra nuevamente cerca del 5%.
En cuanto a cómo posicionarse en la curva de bonos, Parreira sugirió que la elección depende del perfil del inversor. Para aquellos más conservadores, recomendó el tramo corto, con instrumentos como AO27 o AO28, que permiten mantener exposición en dólares con menor sensibilidad al riesgo país. Para inversores moderados, propuso incrementar gradualmente la exposición a AL30 y GD35, que han vuelto a ser interesantes por su tasa, mientras que para los que aceptan mayor volatilidad, los bonos largos “vuelven a ser atractivos, ya que una eventual compresión del riesgo país generaría una mayor ganancia de capital”.
En todos los casos, destacó que las compras no deberían ser inmediatas ni totales. “No entraría en una sola transacción. Tras una corrección de esta magnitud, prefiero hacerlo de manera escalonada”, subrayó. Agregó que “Argentina mantiene fundamentos que han mejorado con respecto a años anteriores, pero el mercado ya anticipa el año 2027, sumado a un entorno internacional más exigente”.
Sobre el porcentaje de la cartera que se debe mantener en liquidez dolarizada para recomprar bonos en caso de una caída mayor, Parreira sugirió un rango de entre 15% y 20% en el contexto actual, y ofreció una alternativa para perfiles más agresivos. “Para inversores que asumen más riesgos, compraría cedears de criptoactivos o metales, como el oro”, recomendó. Justificó el nivel de liquidez con el argumento de la simetría de riesgos. “No permanecería completamente líquido, ya que si el riesgo país regresa rápidamente a 450 puntos podemos perder una parte significativa de la recuperación, pero tampoco tendría un 100% invertido tras el aumento de volatilidad observado en agosto”, indicó. Resumió que la estrategia “no es predecir el piso, sino contar con suficiente posición para beneficiarse de una recuperación y suficiente liquidez para aprovechar una nueva corrección”.
Finalmente, respecto a la proporción de liquidez, el asesor financiero aclaró que es una variable táctica dentro de la cartera, que en un escenario normal, con volatilidad moderada y una visión positiva sobre Argentina, podría situarse entre el 10% y 15%. La actual recomendación de aumentar este nivel a 15% a 20% responde directamente al contexto de agosto, considerando un riesgo país cercano a 500 puntos y una mayor volatilidad.
En relación a las obligaciones negociables corporativas que presentan un mejor desempeño relativo, Parreira subrayó que sigue priorizando el sector energético, en particular los emisores con capacidad de generación de dólares y buena capacidad de pago. Para un perfil conservador, mencionó a YPF, Pan American Energy, Pampa Energía y Tecpetrol; mientras que para un perfil moderado, incluyó a Vista, Pluspetrol y Telecom.
En cuanto a los rendimientos, posicionó a las emisiones de primera línea en un rango de tasa interna de retorno entre 5% y 6% en dólares, con opciones de mayor riesgo o plazo generando entre 6% y 7%. Según Parreira, la ventaja frente al riesgo soberano es estructural, ya que estas obligaciones negociables “permiten obtener renta en dólares con menor exposición directa al riesgo fiscal y político del Estado”. Comparando este tipo de inversiones con colocaciones tradicionales en pesos, concluyó que “para un inversor que busca un plazo fijo y corporativos, podría estar duplicando la tasa, pero con empresas que tienen una calificación crediticia alrededor del AAA”.






