La analista María Migliore destacó el impacto social que tiene el fútbol en la vida cotidiana de los argentinos y el origen de los grandes exponentes del seleccionado nacional. “Salen de clubes chiquitos, mínimos. Hay algo que tenemos en Argentina que nos une el deporte, que no es solamente el mundial”, expresó.
El modelo argentino contrasta con el de otras naciones, donde la formación de deportistas comienza en escuelas o academias a una edad temprana. Migliore enfatizó: “No empieza así en otros lugares del mundo. Acá empezás con el clubcito del fin de semana y a partir de ahí se empieza a armar toda la carrera”.
La diversidad geográfica también caracteriza al fútbol argentino. A partir de clubes pequeños de diversas localidades del país, emergieron figuras como Lionel Messi, Lautaro Martínez y Julián Álvarez. La analista explicó que la historia de estas instituciones está relacionada con dos fenómenos históricos: la llegada de inmigrantes y la expansión de los ferrocarriles en el siglo XX.
Las sociedades de socorro mutuo y las mutuales dieron vida a estos clubes barriales, mientras que las empresas ferroviarias establecieron entidades deportivas para sus empleados. Ejemplos de este contexto son Talleres de Córdoba y Ferro Carril Oeste, que nacieron a partir de estas dinámicas.
Según los datos más recientes, hay más de doce mil clubes registrados, a los que se añaden sociedades de fomento y entidades no formalizadas, ampliando así la red de organizaciones que cumplen un rol social y deportivo en el país.
Desde muy pequeños, la selección y el descubrimiento de talentos se llevan a cabo en estos clubes barriales. Migliore relató que los cazatalentos asisten cada fin de semana a partidos de fútbol infantil, identificando potenciales jugadores a partir de los seis o siete años, creando oportunidades y expectativas.
Sin embargo, el camino hacia el profesionalismo presenta diversos retos. La presión social y familiar se manifiesta en la expectativa de que un niño logre el éxito en el deporte y mejore la situación económica de su entorno. “El chico de seis tiene tanta presión que la choca”, comentó Migliore sobre el impacto que experimentan los jóvenes y sus familias. Esta situación se agudiza debido a la prominencia de los futbolistas en las redes sociales y la aspiración de alcanzar el nivel de figuras consagradas.
Asimismo, la analista indicó que el éxito de los deportistas argentinos depende en gran medida del apoyo familiar y comunitario. “Requiere una familia que está atrás, que lo lleva contra viento y marea, de apoyo, que lo acompaña en lo logístico y después también en lo psicológico”, enfatizó. En este sentido, el club se convierte en un espacio de referencia y contención, crucial para mantener procesos de formación complejos y exigentes.
En general, los clubes se configuran como centros de socialización donde los niños y niñas pueden practicar deportes y forjar relaciones. La continuidad de estos espacios, según Migliore, depende del esfuerzo colectivo, las rifas y la colaboración comunitaria.
El sistema argentino enfrenta desafíos ligados a la desigualdad en la distribución de recursos. La falta de políticas sostenidas de apoyo estatal dificulta el crecimiento de los clubes barriales, que operan con recursos limitados y mediante autogestión. Migliore subrayó: “En Argentina no hay una política unificada de sostenimiento de los clubes. Estamos lejísimos de tener eso”.
Además de la dimensión deportiva, los clubes de barrio cumplen una función social esencial, ofreciendo un lugar donde los niños pueden jugar, socializar y ser parte de una comunidad. Migliore apuntó que el objetivo principal es proporcionar un espacio de contención, aunque advirtió que muchos sufren dificultades para mantener sus actividades debido a la falta de respaldo estructural.
La red de clubes representa, según la analista, “la mejor tecnología social que tenemos”, pero la ausencia de consenso político y de inversión limita su potencial. Si bien el esfuerzo de las familias y la comunidad es fundamental para sostener a los clubes, la demanda de recursos y de políticas públicas sigue siendo un desafío pendiente para el desarrollo del deporte y la sociedad en Argentina.





