“El contexto exige avanzar en la construcción de un plan de lucha sostenido, escalonado y con capacidad de involucrar al conjunto de organizaciones confederadas que combine firmeza, creatividad y construcción colectiva”, expresó la CGT en un comunicado emitido tras su reunión con sindicatos de transporte, industria, alimentación y energía, entre otros.
Los representantes gremiales que se hicieron presentes describieron una situación alarmante. Criticaron las decisiones económicas del presidente Javier Milei y advirtieron que estas “profundizan el debilitamiento del entramado industrial nacional, generan pérdida de empleo, caída del poder adquisitivo y un escenario de creciente incertidumbre para millones de trabajadores y trabajadoras”.
La CGT optó por no confirmar acciones concretas hasta que se lleve a cabo la reunión del Consejo Directivo Nacional, el máximo órgano de la central y el único con autoridad para tomar decisiones. La cúpula prefiere ajustar todos los acuerdos posibles dentro de una central que enfrenta tensiones, exacerbadas por la disminución del poder adquisitivo de los trabajadores, la revisión de convenios colectivos y el cierre de empresas.
Uno de los planteamientos que está ganando respaldo es el de un “paro a la francesa”, inspirado en las protestas contra la reforma previsional del presidente francés Emmanuel Macron. Según fuentes cercanas a la reunión, varios gremios sugirieron realizar un paro general, mientras que otros proponen un plan de lucha con reclamos selectivos. “No alcanza con un paro. Hay que tener un plan sostenido en el tiempo y sumando a otros sectores de la sociedad que también están sufriendo el ajuste”, observó un representante sindical en relación al encuentro.
Dentro de los líderes de la CGT, conformada por Jorge Sola, Christian Jerónimo y Octavio Argüello, no ven con buenos ojos la idea de convocar a una nueva huelga general. Consideran que no pueden asegurar la participación de sindicatos clave como UTA y La Fraternidad (Trenes), que están condicionados por posibles sanciones económicas impuestas por el Gobierno debido al incumplimiento de conciliaciones laborales obligatorias dictadas por la Secretaría de Trabajo.
El “paro a la francesa” se estructura en una serie de medidas de fuerza escalonadas que involucra a diferentes gremios. En lugar de llevar a cabo una única huelga general, que tendría un impacto limitado en el tiempo, se propone organizar paros alternados en diversas áreas como el transporte, seguido por el sector bancario y luego, a la semana siguiente, el educativo, y así sucesivamente en otras actividades. De este modo, esperan mantener las acciones de protesta a lo largo de semanas, minimizando el desgaste para los sindicatos.
Este desafío es significativo para la CGT, que ha enfrentado reveses continuos en la reforma laboral, logrando amortiguar algunas de sus disposiciones. Aunque no nutren esperanzas de que Javier Milei cambie sus políticas, buscan contribuir a un nuevo clima que podría beneficiar a un futuro gobierno más afín políticamente.






